lunes, 6 de agosto de 2012
Fotos de los Mogotes de Jumagua, Sagua La Grande
sábado, 22 de octubre de 2011
Aves Psittaciformes de Sagua La Grande
PERIQUITO (Aratinga euops). Endémico. Mide 28 centímetros. Los aborígenes la llamaban “Catey” y aún así le segiomos llamando a este lindo periquito endémico que aún tenemos la dicha de verlo de forma libre en bandadas por los bosques que rodean a El Mogote, aunque su presencia en otras regiones de Sabaneque ya escacea. En muchas casas de Sagua lo podemos ver perfectamente compenetrados con sus dueños y algunos muy viejos con varias décadas de vida doméstica. Son verdes con algunas plumillas rojizas esparcidas por el cuerpo. Es más pequeño que nuestra otra cotorra, su tamaño está por debajo de un pié.
COTORRA (Amazona leucocephala leucocephala). Endémico. Mide 30.5 centímetros. Es nuestra cotorra endémica (subespecie) que también tenemos la dicha de ver en nuestros bosques aunque con menos frecuencia que el periquito. Es muy doméstica y en muchas casas de Sagua existen jaulas con este valioso ejemplar propio de la Isla de Cuba. Es verde como el periquito pero varios centímetros más grande (mide poco más de un pie de altura, unos 355 milímetros) y además se diferencia del periquito, a simple vista, por su cuello rojo y frente blanca. Nuestro reporte inicial es de 1972 en Malpaéz y Ciénagas de los Mogotes de Jumagua en el mismo año, pero durante toda la década del 70 le hemos estado siguiendo la pista entre las lomas del Mamey y las de El Mogote. Nuestros indios le llamaban “Higuaca”.
domingo, 14 de agosto de 2011
Aves Anseriformes de Sagua La Grande
Familia: Anatidae
PATO CABEZON (Aythya collaris). Residente de Invierno. Mide 43 centímetros. Se destaca su color oscuro por encima y blanco por debajo. Su cabeza también es oscura.
PATO CUCHARETA (Anas clypeata). Mide 47 centímetros. Residente de Invierno. Diferentes pumajes en su lomo pero se destaca su cabeza verde oscuro brillante. Su cuello es blanco y el vientre naranja. Se destaca su pico de cuchareta.
PATO DE LA FLORIDA (Anas discors). Residente de Invierno. Mide 41 centímetros. Es de un color marrón oscuro por arriba y claro por debajo. Tiene una franja blanca delante de los ojos.
PATO PESCUESILARGO (Anas acuta). Residente de Invierno. Mide 66 centímetros. Es gris por arriba y blanco por debajo, Su cabeza es de café oscuro. Se destaca su pescueso largo.
PATO HUYUYO (Aix sponsa). Mide 47 centímetros. Residente. Tiene mucho colorido, destacándose el verde brillante y violetas por arriba y el blanco por debajo. Tiene una gran cresta verde .
En esta zona del río Sagua se pueden admirar grandes poblaciones de Gallinuelas, Gallaretas, Garzas, Codornices, e infinidad de especies cubanas que no se ven en otras zonas, así como gran cantidad de especies migratorias, visitantes ocasionales, y raros visitantes que le dan un toque único a este reducto escondido del Undoso. Pitirres, Tomeguines, Bijiritas, y nuestro hermoso Colibrí completaron mi catálogo preliminar de los Mogotes de Jumagua y alrededores que abarcaron diez años de exploraciones por todo el Territorio Sabaneque (1970-1980) siendo este el primer intento que se hace por “censar” la ornitofauna de Sagua La Grande. En estos años finales no hemos colectado más especímenes hasta que podamos tener nuestro Museo Natural en Sagua, no obstante los reportes visuales y comunicaciones personales siguen engrosando nuestro ya voluminoso catálogo.
YAGUASA; La Yaguasa criolla (Dendrocygna arborea). Residente. Mide 56 centímetros. Es la más grande de nuestras 4 especies de Yaguazas con más de medio metro de altura. Aunque prefieren las zonas costeras, se les vé en ocasiones a lo largo de las ciénagas o pantanos de los Mogotes de Jumagua y nos hemos tropezado con militares tratando de cazarlas con escopetas de cartuchos detrás de las salinas de Isabela de Sagua pues estas tienen una carne muy codiciada. En el río Sagua La Grande se les ve volando en los atardeceres desde la misma desembocadura del río y en la actualidad hemos visto colonias en el Estero del Jatal, El Salto y La Panchita. Además de su tamaño la destaca su color marrón y pico negro, siendo por debajo de un color blanco. Tiene una figura parecida al ganso.
YAGUASIN (Dendrocygna bicolor). Residente. Mide 53 centímetros. Es algo menor pero igualmente buscado por los cazadores del área. Se le ve en los mismos sitios que la Yaguaza Criolla y también se le busca y caza por la zona de Granadillo, Carahatas, Ganuza y Elguea. Hemos observado bandadas en todo el círculo de la Presa Alacranes. Su pecho y abdomen son amarillentos, mientras que en la otra son blancos.
ARCHIVO SABANEQUE
sábado, 6 de agosto de 2011
Aves Podicipediformes y Pelecaniformes de Sagua La Grande
(Zaramagullones)
FAMILIA: Podicipedidae
ZARAMAGULLON CHICO (Podiceps dominicus dominicus). Residente. Mide 24 centímetros. Se le vé frecuentemente en el río Sagua y en los lagunatos que forman sus herraduras, aunque también lo vemos en la ciénaga de El Mogote y Presa Alacranes.
ZARAMAGULLON GRANDE (Podilymbus podiceps antillarum). Residente. Mide 33 centímetros. Se le vé menos que al chico en el tramos norte del río Sagua La Grande y ocasionalmente en la Ciénaga de los Mogotes de Jumagua.
PELECANIFORMES
(Corúas, Pelícanos, Pájaros Bobos, Rabihorcados, Marbellas)
Familia: Pelecanidae
PELICANO (Pelecanus occidentalis occidentalis). Abundante en toda la costa de Sabaneque y sus cayos. Nuestro primer reporte visual fue en Isabela de Sagua 1970 y colecté recientemente (1984) dos enormes ejemplares para el Museo del Mar de Caibarién.
viernes, 5 de agosto de 2011
AVES GALLIFORMES DE SAGUA LA GRANDE
(Codornices, Gallinas, Faisanes)
CODORNIZ (Colinus virginianus cubanensis). Endémico.“Sabaneque” es sinónimo de una “sabana chica” y por tanto habitat natural para la Codorniz que prefiere estas llanuras para su ciclo completo de vida; desde nuestra infancia las vemos en el Undoso y los campos que rodean a la ciudad.
Desde el punto de vista científico el primer reporte para el catálogo de Sabaneque lo tenemos en 1971 cuando probamos su esquisita carne por primera vez por cazadores amigos en el río Sagua La Grande (más específicamente, cerca de la carretera El Desvío).
En segunda ocasión la colecta proviene de la llanura entre la carretera a La Habana y los Mogotes de Jumagua. El resto son reportes visuales que nosh an mantenido al tanto de su distribución por nuestra región, pero alertamos a los cazadores de que este es un endémico nacional y de extinguirse no encontraremos “copias” en ningún otro rincón del planeta.
Abunda en Amaro, Sitio Grande, Calabazar de Sagua, Quemado; se le caza en todo el sur de Sierra Morena y tenemos otros reportes en Palma Sola y Motembo.
Es una pequeña ave de solo 24 centímetros de longitud pero muy rellena de carne lo cual la hace muy preciada; vive en el suelo de las llanuras entre la hierba y cuando el cazador llega con sus perros vuelan en bandadas hacia los árboles próximos donde se le da caza.
lunes, 17 de noviembre de 2008
Redescubrimiento de los peces ciegos de Cuba
EN SU LOCALIDAD ORIGINAL.
FORUM ESTUDIANTIL DE LA FACULTAD DE BIOLOGIA,
UNIVERSIDAD DE LA HABANA- 1977
Por: Pedro Suárez Rojo y Pedro A. Díaz
Estudiados posteriormente por Felipe Poey (1858) y por algunos investigadores extranjeros, se determinó que nuestros peces ciegos representan dos Especies distintas dentro de la Familia Brotulidae: Lucifuga subterraneus y Stygicola dentatus.
En esta ponencia se reporta la presencia de Lucifuga subterraneus en la misma localidad donde Noda la encontró 147 años atrás; describiéndose a continuación la morfología externa de la hembra allí capturada.
Además se demuestra mediante el test estadístico x2 que las referencias conocidas hasta el presente sobre la ubicació geográfica de ambas Especies implican diferencias significativas en su distribución: Stygicola dentatus se extiende desde Pinar del Río hasta Matanzas; mientras que Lucifuga subterraneus sólo ha sido reportada en la región occidental de Cuba.
Desde la primera referencia publicada en 1842 sobre el hallazgo de de peces ciegos en cavernas de Kentucky, Estados Unidos, los mismos han atraído la atención de numerosos investigadores por sus peculiares adaptaciones al ambiente troglobionte.
En Cuba, el primer naturalista en interesarse por ellos fue Noda; quien los descubrió en 1831 en la “Cueva de Cajío”, Güira de Melena. No obstante la importancia de su descubrimiento, Noda lo silenció durante 27 años, y solo en 1858 se lo comunicó a Felipe Poey en una extensa carta descriptiva. El sabio cubano, ya conocía de su existencia y había estudiado detalladamente su morfología. Ese mismo año Poey publicaría los resultados por él obtenidos, creando el nuevo Género Lucifuga, que abarcaría dos especies conocidas: Lucifuga subterraneus y Lucifuga dentatus.
Posteriormente, distintos autores señalarían nuevas ubicaciones en su distribución geográfica y completarían las conclusiones de Poey, determinando que Lucifuga dentatus exhibe características diferenciales que permitieron crear para ella un Género distinto: el Stygicola (Eigenmann, 1902 y 1907), (Lane,1903), (Kosswing, 1934) y (Barbour, 1945).
El presente trabajo tiene dos objetivos: reportar la presencia actual de Lucifuga subterraneus en su localidad original, donde fuera descubierta por Noda 147 años atrás y discutir algunos aspectos sobre la distribución geográfica de nuestros peces troglobios.
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MATERIALES Y METODOS
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El ejemplar de Lucifuga subterraneus descrito en esta ponencia corresponde a una hembra capturada durante el mes de Febrero del año actual en la “Cueva de Cajío”, distante 10-13 kms al Sureste de Güira de Melena, Provincia de La Habana. De esta localidad procede la primera mención conocida de peces ciegos en Cuba (Núñez Jiménez, 1963), (Abascal, 1977).
La ubicación geográfica de la cueva se obtuvo utilizando las indicaciones descritas por Noda en su carta a Felipe Poey de 1858, reproducida en “Revista de Cuba”, Enero de 1878. Para ello, no solo hubo que reconstruir el trayecto recorrido por el naturalista en 1831, sino también localizar antiguos enclaves no existentes en la actualidad, tales como “el potrero de Torres” y el “Ingenio La Morenita”.
Capturado vivo, el animal fue trasladado en un recipiente cerrado hasta el Departamento de Zoología de la Facultad de Biología, donde se logró mantenerlo durante casi 5 días en una pecera común junto a otras especies dulceacuícolas, sin ninguna ambientación especial. Esto permitía estudiar algunas reacciones de su conducta y obtener fotografías del mismo aún en estado viviente, tras lo cual fue sacrificado para la debida conservación.
El estudio de su morfología externa y las determinaciones morfométricas correspondientes se efectuó en laboratorios del mencionado Departamento de Zoología, en cuya colección se depositó el ejemplar conservado.
La determinación taxonómica de la especie fue obtenida consultando la descripción original de Poey (1858), cotejadas con indicaciones precisas del Licenciado Ricardo Vergara. Además, el ejemplar a identificar se confrontó con especimenes clasificados de ambos Géneros existentes en la colección del Museo “Felipe Poey” de la Universidad de La Habana.
Deseamos expresar nuestro agradecimiento al Lic. Ricardo Vergara, Instituto de Geografía, Academia de Ciencias por la valiosa colaboración brindada para el presente trabajo. Igualmente, a la Dra. María Teresa del Valle, Jefe del Departamento de Zoología, por las facilidades brindadas para su ejecución; así como al Dr. Manuel Rivero de la Calle, Facultad de Biología, por su constante interés durante el desarrollo del mismo. A todos, nuestro merecido agradecimiento.
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Lucifuga subterraneus, Poey 1858
CLASIFICACION TAXONOMICA DEL EJEMPLAR COLECTADO EN CAJIO- 1978
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Fylum: Chordata
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Subfylum: Vertebrata
Clase: Osteichthyes
Subclase: Actinopterygii
Superorden: Teleosteica
Orden: Gadiformes
Familia: Brotulidae
Género: Lucifuga
Lucifuga subterraneus, variedad E
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DIAGNOSIS DE LA MORFOLOGIA EXTERNA
Cuerpo prolongado, comprimido desde el final del abdomen hasta el extremo caudal. Cabeza poco prominente en su región occipital y muy deprimida en la porción anterior; característica diferencial con Stygicola dentatus.
Ausencia de ojos morfológicamente constituídos. Según la descripción de Poey, algunos individuos pueden presentar vestigios no funcionales de globo ocular, a quienes cataloga como Variedad E dentro de la especie. El ejemplar capturado en la “Cueva de Cajío” presenta esta peculiaridad morfológica.
Abertura nasal doble; una de menor diámetro que la otra.
Boca hendida, con la mandíbula superior ligeramente mayor que la inferior. Dientes numerosos y pequeños, ubicados en el intermaxilar, el dentario y el vómer. Esta especie, al contrario de Stygicola dentatus, carece de dientes en el palatino.
Aleta dorsal única, que junto a la caudal y a la anal integran una estructura continua. Aletas abdominales, reducidas y filiformes, ubicadas en la porción ventral de la región cefálica y con funcines sensoriales.
Línea lateral poco definida. Coloración rosado claro, solo observables en ejemplares vivos.
Dimorfismo sexual acentuado. Los machos presentan una papila anal definida, con su extremo posterior adaptado para la cópula. Las hembras carecen de dicha estructura.
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DISCUSION
Actualmente se considera a los peces ciegos integrantes de un grupo polifilético, que han sufrido convergencia de caracteres durante su adaptación al medio troglobionte.
Esta adaptación colleva la atrofia de los ojos hasta su total degeneració (Eigenmann, 1909), características que a su vez implica un marcado desarrollo paralelo en órganos táctiles y olfato-sensoriales (Bertin, 1908).
A la pérdida de los órganos de visión se asocia también la despigmentación del cuerpo, manteniendo ambos fenómenos una relación directamente proporcional (Raquin,1947).
Por último, al igual que las restantes especies troglobias, se caracterizan por su reducido tamaño, en lo cual influye el estricto aislamiento geográfico y la escasa competencia que les impone su vida en las cavernas (Massip, 1961).
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DISTRIBUCION GEOGRAFICA
En su monografía sobre espeleofauna cubana, Silva (1973), relaciona 25 localidades como ubicación geográfica de nuestros peces ciegos, sólo considerando aquellas donde se huviese obtenido determinación taxonómica de los ejemplares colectados. Estas referencias abarcan desde la Península de Guanahacabibes, Pinar del Río, hasta la porción más occidental del norte de Matanzas. Igualmente añade que los tres reportes que señalarían su existencia en la región oriental de Cuba (Sierra de Cubitas, 1928; 1942; y Banes, 1963) no pueden considerarse válidos por carecer de determinación autorizada de las Especies referidas.
Posteriormente, revisando la colección de peces dulceacuícolas del “Museo Felipe Poey” en nuestra Universidad, fueron encontrados algunos lotes de peces ciegos, clasificados taxonómicamente y con referencias precisas a sus lugares de origen, que añaden 5 nuevas localidades a las ya mencionadas.
Además se conocen otras muchas menciones sobre distintas cavernas cuyas aguas está habitadas por peces ciegos, pero desconociédose a qué Géneros pertenecen sus pobladores. Como ejemplos, pueden citarse: las cuevas “del Diamante” y “del Bejuco” en Artemisa; y la de Juanel Piedra en Quivicán.
Por último debe señalarse un hallazgo reciente del Grupo Espeleológico de la Filial Universitaria en Jagüey Grande (González, comunicación personal), quienes descubrieron la presencia confirmada de Stygicola dentatus en cuevas de los municipios de Varadero y Jagüey Grande; lo cual amplía más al oriente de Matanzas el área distribucional de dicha especie.
Todas las referencias que precisan identificación taxonómica aparecen resumidas en los siguientes mapas, donde se muestra por separado la distribución geográfica conocida de ambas Especies, acorde con la nueva división político-administrativa del país:
Para conocer si estas variaciones en la distribución geográfica resultarían significativas o no estadísticamente, los totalesnuméricos de referencia fueron sometidos al modelo para probabilidades acumulativas x2. Los resultados obtenidos en la comparación global de las 3 provincias mencionadas muestran un grado significativo de diferencia en los datos comparados:
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COMPARACION ENTRE LA DISTRIBUCION GEOGRAFICA CONOCIDA DE Lucifuga subterraneus Y Stigicola dentatus EN LAS PROVINCIAS PINAR DEL RIO, HABANA Y MATANZAS.
GRADOS DE LIBERTAD = 2
VALOR DE p PARA UN 95 % DE CONFIANZA = 5.99
6.98 5.99
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ESTUDIO COMPARATIVO ENTRE LA DISTRIBUCION GEOGRAFICA CONOCIDA DE NUESTROS PECES TROGLOBIOS EN LA REGION OCCIDENTAL DE CUBA.
GRADOS DE LIBERTAD = 1
VALOR DE p PARA UN 95 % DE CONFIANZA = 3.84
0.08 3.84
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CONCLUSIONES
De todo lo expuesto durante el desarrollo de este trabajo, pueden obtenerse las siguientes conclusiones:
PRIMERA: El redescubrimiento de Lucifuga subterraneus en la Cueva de Cajío permite suponer que la misma se haya mantenido ininterrumpidamente en su localidad original por casi siglo y medio, a partir de 1831; fecha de su descubrimiento por Noda en aguas freáticas de dicha caverna.
SEGUNDA: Esta suposición confirma una vez más el alto grado de adaptabilidad de la Especie mencionada, que le ha permitido superar los cambios adversos lógicamente acaecibles en un lapso tan considerable de tiempo.
TERCERA: Acorde a los datos conocidos hasta el presente la distribución geográfica de nuestros peces troglobios mantiene diferencias significativas entre sí: Stygicola dentatus se extiende desde Pinar del Río hasta Matanzas; mientras que de Lucifuga subterraneus no existe ningún reporte que le ubique fuera de la región occidental de Cuba.
No obstante, esta conclusión preliminar requiere de nuevas referencias geográficas para su posible confirmación posterior.
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Narración (Diario de Campo)
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EN BUSCA DE LOS PECES CIEGOS DE LAS CAVERNAS
Enviado a la revista "Mar y Pesca" 1978 pero nunca publicado.
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Se había regado como pólvora la noticia (o el reto) de los “peces sin ojos” en la Facultad de Biología de la Universidad de La Habana. Yo cursaba mi primer año de biología en pero desde hacía tiempo me dedicaba a la Bioespeleología y a la hora del receso en el aula todo el mundo hablaba del reto que había lanzado la revista “Mar y Pesca” a los biólogos refiriéndose a los peces ciegos que habían reportado Noda y Poey 120 años atrás; en el artículo de Jesús Abascal titulado “Los Peces Ciegos de Cuba”, se preguntaba lo siguiente:
… “sabemos positivamente que los peces ciegos siguen poblando las aguas de muchas cavernas de las regiones más occidentales de Cuba, pero…¿En cuales?. ¿Podría algún joven espeleólogo –o viejo, con todo respeto- ofrecernos esa información y enriquecer así el tema que nos ocupa. Invitamos cordialmente a los investigadores que trabajan en estas apasionantes tareas a fin de recabar de ellos una relación que seguramente resultaría muy interesante. Las páginas de “MAR Y PESCA” quedan abiertas, pues, con ese propósito. Y nuestros lectores más curiosos agradecerán, sin duda alguna, más noticias sobre los peces ciegos de Cuba”…
Muchos no perdieron tiempo y se lanzaron con la mochila a la cacería. Había que buscarlos solamente en la región occidental de la Isla que era donde los había encontrado el sabio naturalista Don Tranquilino Sandalio Noda. El tiempo pasaba y el reto seguía en pie.
Comencé a interesarme mucho por aquello. Realicé un detallado estudio de la historia del descubrimiento, llegando a la conclusión de que no tenía más derrotero que la vieja carta que le había enviado Noda a su colega el sabio Don Felipe Poey en 1858, en la cual mencionaba el sitio del descubrimiento. Según dicha carta, encontrándose Noda en 1831 en Güira de Melena, supo que allí cerca, en las cuevas de Cajío, había unos peces sin ojos y quiso verlos…
“Me convidaron a un bautismo –continúa el sabio- a un sitio en el potrero de Torres, al oriente del ingenio LA MORENITA, en el cual había cuevas y peces de los dichos…”
Este párrafo contenía toda la información geográfica que yo necesitaría para mi exploración inicial, por lo que me preparé para la segunda etapa; mi gran aventura.
Una hermosa mañana de Octubre de 1977 partí con mi pesado equipaje para Güira de Melena. Durante el trayecto “encendí la mecha” con mi apasionante tema y al poco rato toda la guagua donde viajaba “ardía” con mi relato, pero nadie sabía nada al respecto; solo que más al sur de esta ciudad existía un poblado al que llamaban Cajío, ¡algo es algo!. Sin pérdida de tiempo hice el trasbordo para el ómnibus de Cajío, y en poco tiempo me encontré ante un pintoresco caserío de pescadores; estos junto a los campesinos siempre han sido mis mejores asesores en las investigaciones pero nadie conocía a estos fantasmas de las cavernas acuáticas. En poco tiempo “el loco de los peces sin ojos” comenzaba a hacerse popular entre los guajiros, hecho que constribuía enormemente a aliviar la economía de la exploración. Iba preparado para dos noches pero en este primer viaje pasé cuatro, rodeado de interesantes relatos de muertos, tesoros ocultos y monstruos que siempre nos brinda el rico folklore campesino. Exploré muchos kilómetros a lo largo de la costa sur en busca de cuevas, pero solo encontré grutas y solapas sin valor espeleológico.
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EL INGENIO LA MORENITA
Todo me pareció fácil en un principio, pero no fue así. Dediqué el mes de Octubre y Noviembre a rastrear alguna pista. ¡No podía creer que no existieran cuevas en esta región!. Un viernes en la tarde, luego de terminar la última clase del día en la Facultad, recogí mi equipaje en la beca de 12 y malecón, y partí para Cajío y Güira; ya había desplegado la lona que me servía de techo cuando alguien se me acercó preguntándome: ¿Explorador?- a lo que asentí con la cabeza;
-¿Busca fósiles?-
-No; más bien busco cuevas- inquirí esperando un milagro-
-¿Cuevas?,no, por aquí yo no conozco ninguna cueva-
-¿Y al ingenio LA MORENITA, LO CONOCE USTED?-
-La Morenita es un batey que esta cerca de aquí, pero allí no hay ningún ingenio – me disparó cogiédome de sorpresa-
Hasta el momento yo no había pensado en un ingenio en ruinas y siempre pregunté por una construcción visible. Aquí estaba el detalle; el ingenio lógicamente había sido demolido algún tiempo atrás por lo que ya no se recordaba; indudablemente el batey había tomado el nombre del mismo. Al menos esto era lo que yo deducía; yano tenía dudas.
-¿Está muy lejos La Morenita de aquí? – le pregunté recogiendo la lona.
-No, está bastante cerca; puedes pararte en la carretera y para la guagua que pasa como a las 8:00 (pm)-
No esperé más; no recuerdo si le dí las gracias, solo se que salí disparado como relámpago para no perder el ómnibus. La idea de encontrarme con el ingenio que le sirviera de guía al gran naturalista 147 años atrás, me fascinaba.
Hice mi aparición en La Morenita lo suficiente temprano como para no dejar que se me fueran a dormir los cuatro gatos que allí vivían. Mis primeros entrevistados me fallaron pero no así mis segundos que conocían perfectamente el enclave de las antiguas ruinas de un ingenio y me dieron la dirección de un anciano que vivía a solo unos metros de las mismas. Al menos ya tenía un punto desde el cual partir en mi próxima caminata:“Al oriente del ingenio La Morenita ” me decía Noda desde la profundidad del tiempo.
Una nueva noche de leyendas me aguardaba en casa del viejo Tomás, un moreno muy agradable y conversador; compartí con este y su hija unos tragos.Yo les conté sobre mi búsqueda y él me habló de leyendas locales hasta que se les agotó el repertorio. Luego se me asignó un viejo catre y un mosquitero, este último no por los mosquitos, según me explicó su hija, sino “por los alacranes”…
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EL POTRERO DE TORRES
A la mañana siguiente Tomás me despertó a las 6:00 a.m. como yo le había pedido que hiciera, y luego de mostrarme las ruinas de su ingenio (que ahora era mío) me despedí de él con la promesa de mostrarle algún día que mis peces sin ojos no eran una fantasía. Tenía una idea fija: si localizaba “el potrero de Torres” entonces ¡ya tenía a mi cueva!. Las indicaciones de Noda comenzaban a coincidir por vez primera:
“Una tierra bermeja como sangre, cortada por cercas de piedra desnuda de árboles, salvo algunos matojos aislados; mucha piedra rodada, y el suelo formado de una roca no bien cubierta de tierra pulverulenta; la roca, un enorme banco de petrificaciones marinas, bivalvos, univalvos y otros seres que no examiné, porque solo pensaba en los peces sin ojos”…
¡Descripción contagiosa; tampoco yo me detuve en ningún momento ante aquellas seductoras petrificaciones marinas; mi vista estaba fija en el “Este” de mi brújula. A eso de las 9:00 de la mañana, después de una larga caminata, aún no había dado con ningún potrero o algo parecido, pero alguien me sugirió qie visitara a una familia apellidada Torres que vivían un poco más hacia el Sur de la ruta que yo seguía. No tardé en encontrarme con el señor Ramón Torres, cabeza de familia, el cual me recibió con gran atención. La ascendencia de Ramón, según pudimos calcular ambos, se remontaba a más de un siglo en aquella región e incluso, muy cerca de su actual bohío, estaban los simientos de la que fuera casa de sus abuelos. Ramón contaba 54 años de edad por lo que sus bisabuelos bien pudieron vivir en la época en que Noda encontró los peces ciegos. La narración del sabio continuaba:
“ Saltamos una cerca y encontramos el suelo entapizado de tocino, bejuquillo e hojas palmeadas, ovaladas, de tallo como alambre, fino; durísimo, elástico a no romperse jamás”…
¡Esto me parecía inaudito!, tenía la sensación de que el tiempo se había detenido. Pero una vez más se me paralizó el corazón cuando el amigo Ramón me confesó que no conocía cueva por allí. Todo encajaba tan a plana y renglón, que no me podía conformar con la idea de que me había equivocado. Allí pasaba algo y no tardé en descubrirlo. Los campesinos de esta zona no quieren saber nada del mundo subterráneo; Ramón mismo me manifestó: “Del suelo pa’ bajo, los muertos”. Y todo lo descubrí cuando a solo unos 300 metros de la antigua construcción me encontré una cueva. ¡Ramón tenía que conocerla perfectamente!; ¿Por qué me lo había ocultado?. Traté de que descendiera conmigo pero me contestó algo sobresaltado, “que tenía otros quehaceres” y se esfumó en el acto. ¿Cuántas veces me habían ocultado el sitio de una cueva durante mi investigación?- pensé-.
Indudablemente este extraño tabú ha protegido de la presencia de curiosos a todas estas cuevas, pues, a diferencia de la mayoría que he conocido en toda la isla, aquí no se lee una solo inscripción de visitantes en las paredes.
LA CUEVA DE NODA
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Durante el mes de Diciembre logré localizar 5 cavernas en los alrededores de la finca de Torres; una de ellas coincidía al dedillo con la descrita en la carta:
“ Un gran salón con troneras por el techo cinco metros más abajo del nivel del suelo, hacía de vestíbulo de la caverna”…
A principios de Enero de 1978 me instalé definitivamente en la “Cueva de Noda” (bautizada por mí). Resultaba horriblemente fatigoso mantener la vista fija en las cristalinas aguas del lago subterráneo en la esperanza de tropezarme con mi soñado “tesoro sin ojos”, pero ya era tarde para mí, estaba atrapado, la búsqueda se había convertido en obseción. Nada me interesaba más que los “Peces Ciegos”, como un Ahab y su Moby Dick. Calado hasta los huesos por el frío del manto freático, perseguía todo lo que se moviese bajo su superficie.
EL PEZ CIEGO
Una fría mañana de Febrero, otro de los tantos pecesillos del algo me invitaba a que desertara de mi desayuno para jugar al escondite. Preparé el área de combate con un gran pedazo de zinc que había traído dede la casa vieja, este, colocado entre dos salientes rocosos, obstruía el paso hacía el interior de la caverna a
modo de pequeña represa. El animalito estuvo escondido más de una hora en una cavidad de la roca, hasta que decidió salir. Con movimientos milimétricos y conteniendo la respiración todo el tiempo que me fue posible, sellé su escondrijo con un trozo de cartón y le acerqué un pomo de boca ancha a la cabeza. Trató de retroceder en busca de su guarida, pero al no encontrarla, nadó en la misma dirección del pomo. Tan pronto penetró en el mismo le puse la tapa y saliendo del agua, corrí hacia la entrada de la caverna para poder analizar a mi prisionero con mejor iluminación. Cuando coloqué el pomo cerca de mis ojos la impresión de lo que ví me congeló la médula espinal; quedé petrificado cual una estalagmita. ¡ Allí nadaba una criatura completamente desprovista de sus órganos visuales de unos 10 centímetros de longitud, con una aleta dorsal única, que junto a la caudal y la anal integraban una estructura contínua!. A pesar de mi preparación adquirida durante los casi cinco meses de exploraciones, no podía dar crédito a mis ojos. Tenía en mis manos el fruto de tantos desvelos y ahora lo dudaba. ¡ Un pez sin ojos ¡, llegué a pensar que todo esto era un mito.-
EL UNICO EJEMPLAR VIVO DE EXHIBICION EN 1978
El ejemplar capturado llegó en buen estado a La Habana donde lo mantuve vivo en una pecera doméstica junto a otros pecesillos de cría; luego bajo la sugerencia de mi profesor Pedro A. Díaz lo llevé al Departamento de Zoología de Vertebrados de la Facultad de Biología donde lo conservamos por otro tiempo bajo el asombro de todos los que por allí pasaban, y comencé a recopilar todo lo que pude sobre los mismos llegando a la conclusión que se trataba de la especie Lucifuga subterraneus. Descubrí además que existían otras colectas de muchos años atrás y de ahí que la revista “Mar y Pesca” preguntara por estos peces en los años setentas; pero el reporte de la presencia de los mismos abundaba en muchas cavernas del occidente cubano. En un viejo y perdido pomo almacenado en la Facultad de Biología encontré la colecta de Núñez Jiménez de una parejita proveniente de 1943 y las puse junto a mi vivo ejemplar hembra de la pecera, así los profesores y alumnos podían admirar a ambos especímenes. Existía la referencia de un ejemplar colectado por Sosa en 1930 pero este nunca lo pudimos localizar en algún museo. Por el momento, el pez nuestro, era el único ejemplar de exhibición que podía ser contemplado vivo en 1978 y de esta forma le respondimos a la revista que “Sí”, “los peces ciegos aún seguían viviendo en la localidad original donde los reportó Noda al igual que en otras cavernas de Pinar del Río, Habana y Matanzas”. El ejemplar lo exhibimos en el capitolio, en laboratorios, centros de investigación y otras Facultades de la Universidad de La Habana, y siempre resistió los embates de los traslados hasta que un día decidimos sacrificarlo para su mejor estudio y conservación.
viernes, 19 de septiembre de 2008
Los Murciélagos de Sagua La Grande
El primer murciélago que clasificó nuestro equipo fue un ejemplar de la especie Artibeus jamaisensis parvipes encontrádolo en la Cueva del Murciélago en Septiembre de 1971; luego fueron mostrándose ante nuestros ojos especímenes como el Noctilio leporinus mastivus, quiróptero gigante “sin rival” el cual pudimos capturar en Cueva del Agua durante el verano de 1982. Este individuo (conservado disecado en nuestra colección) posee nada menos que 64 centímetros de envergadura (de ala a ala), tamaño imposible de imaginar en un murciélago. A esta especie se le conoce con el nombre común de Murciélago Pescador ya que a diferencia del resto de las especies cubanas, está especializado en capturar y alimentarse de peces, actividad que ejecuta en pleno vuelo. Pensamos que esta colonia se estableció en Cueva del Agua solo por un tiempo porque en años recientes no los hemos vuelto a ver. Era impresionante ver a aquellas criaturas volando a lo largo de la Cueva del Agua con sus enormes alas que nos daban la sensación de un vampiro, y junto a mi amigo Jorge Prieto decidimos que no podíamos dejar pasar aquella oportunidad de capturar a uno o dos ejemplares para clasificar y disecar.

Otras de las especies comunes en nuestros Mogotes de Jumagua lo son el “Murciélago Bigotudo Grande” y “el Mediano” hallados en las cuevas “de la Jutía”, “del Agua”, y “del Murciélago”. También el “Murciélago de Cueva”, entre otros. En otras cuevas exploradas por nuestro equipo a lo largo de todo el Territorio Sabaneque también reportamos la presencia del orden Chiroptera que más adelante vamos a exponer.
Necesitando un informe más detallado sobre los quirópteros del Mogote decidí dedicar toda una semana al estudio exclusivo de los mismos.
El día 21 Mayo de 1985, con grandes aguaceros en El Mogote, nos instalamos en la Cueva del Campamento # 2, que está a la izquierda de la Cueva del Murciélago. Los integrantes de la expedición (ver foto) éramos Javier Medina, Carlos Suárez, Miguel Jiménez, Alberto Jiménez y yo. Nuestro amigo Gustavo Pérez Huet nos visitaba todos los días. El objetivo era concentrarnos exclusivamente en colectar, identificar y disecar la mayor cantidad posible de especies de murciélagos en todas las cuevas de los Mogotes de Jumagua para así completar el catálogo general de la fauna que ya llevamos 15 años confeccionando. Buenas claves de identificación me había traído de la Universidad y esperábamos así dejar el Orden Chiroptera al día.

Es precisamente por la enorme cantidad y variedad de murciélagos que habitan en esta caverna que decidimos bautizarla con ese nombre en nuestras cartografías; además no presentaba un nombre fijo y cada campesino o ciudadano la llamaba a su manera:, Cueva de la Campana, de la Virgen, del Gato, del Caldero, etc. (Ver capítulo de cartografía). Fue en la rama derecha de esta cueva (Cueva del Abono) donde en la primera mitad de este siglo (XX) existió una industria extractora del guano de murciélago. Los miles de individuos que habitan las cuevas del Mogote son de vital importancia en el control de todas las plagas de insectos en los campos y ciudades aledañas. Debemos tener en cuenta que cada noche desaparecen varias toneladas de insectos dañinos en Sabaneque gracias al trabajo de los murciélagos. Los consumidores de frutas son muy útiles en el traslado de la semilla a otros terrenos donde las dejan caer y estas renacen. Otros son esenciales en la polinización de las plantas como el caso de Phyllonycteris poeyi que con su pelambre llena de pólen al visitar las flores permite la fecundación de todo un bosque.
A continuación una lista y breve descripción de los murciélagos que habitan en esta caverna:
El día 23 de Mayo esperamos toda la mañana a que escampara para poder salir (y hasta se lo pedimos a la virgen de la cueva), pero no viendo un solo respiro en el tiempo, decidimos irnos ya pasado el mediodia pues la lluvia no daba treguas y perderíamos todo el día de no decidirnos.
El sonido de la lluvia sobre el pantano también invitaba a dormir y eso fue lo que decidimos después almorzar para así tener más energía durante la exploración que haríamos más tarde…
Pasadas unas horas, a eso de las 5 de la tarde, bajamos a Cueva del Agua e hicimos nuestra primera colecta que consistió en las especies Pteronotus parnelli y Pteronotus quadridens que se acomodan en cavidades, embudos y chimeneas del techo. Ya estas dos especies la habíamos reportado en el mismo sitio desde el año 1973 y cuyos ejemplares hemos conservado disecados hasta el día de hoy, por lo que pensamos que aquí tienen establecido su habitat permanente y decidimos no colectarlos. La especie Pteronotus macleayi no la habíamos localizado antes en esta cueva por lo que decidimos tomar dos ejemplares para nuestra colección. En esta misma ala derecha de la cueva es donde años atrás encontré una colonia de Murciélagos Pescadores que ya en esta exploración no lo encontramos. Cayendo la tarde muchos murciélagos salen de Cueva del Agua hacia las llanuras y bosques circundantes en busca de su alimentación; uno de ellos es Phyllonycteris poeyi que es una especie polinívora y que también vive en esta caverna y Artibeus jamaicensis parvipes un frugívoro que sale al caer la tarde para alimentarse de pequeñas frutas en los diversos campos que rodean a los Mogotes de Jumagua; esta especie también la vemos en la ciudad de Sagua y muy tarde en la noche los he visto en el Mausoleo atacando a las arboledas allí existentes.A la mañana siguiente el 24 de Mayo lo dedicamos a explorar el ala izquierda de Cueva del Agua donde existe la salida hacia la ladera norte de la loma. Aquí pudimos colectar a Mormoops blainvillei y Erophylla sezekorni mezclados unos con otros en este tramo de la cueva, y hacia la parte superior que tiene salidas hacia la ladera sur, encontramos colonias de Macrotus waterhousei y Brachyphylla nana. De cada una de las especies tomamos dos ejemplares (macho y hembra) y lo disecamos para nuestro catálogo y colección.
El día 25 empleé la mañana en disecar los ejemplares capturados el día anterior que solo habían sido preservados con inyecciones musculares de formol. Afuera
continuaba lloviendo a ratos y el día estaba muy oscuro pero nuestra actividad era cavernícola y para nada necesitábamos el mundo exterior. La tarde la utilizamos en localizar colonias en la Cueva del Laguito. Comenzamos a bajar los pasajes a eso de las 2 de la tarde y en todo el tramo inicial localizamos solamente a la especie Artibeus jamaicensis parvipes . Esta es una cueva muy ventilada con muchas troneras o claraboyas por el techo y quizás no muy adecuada para estos mamíferos alados, pero no obstante en tres puntos diferentes constatamos la presencia de este frutero el cual también habíamos localizado en estos túneles en años anteriores.
Al final del recorrido en leve inclinación de descenso llegamos al salón donde florece el laguito subterráneo y en uno de los recovecos de las rocas del techo localizamos una colonia de Brachyphylla nana.
QUIROPTEROS DE SABANEQUE
CUEVAS DEL MAMEY
-Cueva del Laboratorio; Pteronotus parnelli parnelli
-Cueva del Bejuco; Artibeus jamaicensis parvipes
Pteronotus parnelli parnelli
-Cueva de los Chinos; Pteronotus parnelli parnelli
CUEVAS DE MALPAEZ
-Furnia del Agua; Pteronotus parnelli parnelli
-Cueva de José Luis Robau; Artibeus jamaicensis parvipes
Brachyphylla nana
Pteronotus parnelli parnelli
Pteronotus quadridens
-Cueva del Campamento; Artibeus jamaicensis parvipes
Brachyphylla nana
Pteronotus parnelli parnelli
Pteronotus quadridens
CUEVAS DE CORRALILLO
-Cueva del Horizonte; Erophylla sezekorni
Pteronotus parnelli parnelli
-Grutas #3 y #4; Pteronotus parnelli parnelli
CUEVAS DE “RAMONA” (Quintín Banderas”)
-Cuevas de Cartaya; Pteronotus quadridens
Phyllonycteris poeyi
CUEVAS “CORAZON DE JESUS”
-Cueva de la Virgen; Artibeus jamaicensis parvipes
-Cueva de la Furnia; Artibeus jamaicensis parvipes
CUEVAS DEL PURIO
-Cueva de los Chivos; Artibeus jamaicensis parvipes
Pteronotus sp.
-Cueva de los Argüelles; Artibeus jamaicensis parvipes
Macrotus waterhousei
Phyllonycteris poeyi
Pteronotus sp.
-Cueva del Precipicio #1; Phyllonycteris poeyi
CUEVAS DE MATA
-Cueva de Gurugurú; Artibeus jamaicensis parvipes
-Cueva de los Indios; Artibeus jamaicensis parvipes
LOMA EL GAVILAN
-Gruta del Gavilán; Artibeus jamaicensis parvipes
CUEVAS DE SANTA FE
-Cueva Santa Fe; Artibeus jamaicensis parvipes
Pteronotus parnelli parnelli
Pteronotus macleayi
CUEVAS DE SAN DIEGO DEL VALLE
-Cueva de los Murciélagos; Phyllonycteris poeyi Monophyllus redmani clinedaphus.
EL GUANO DE MURCIELAGO
La explotación del llamado “guano de murciélago” o “murcielaguina” (excrementos del animal), reportaría magníficos beneficios a toda la flora del área debido al gran potencial que estas cavernas encierran. Este maravilloso y barato abono orgánico fue a provechado durante la primera mitad del siglo XX cuando aquí se estableció una industria extractora de la cual aún podemos observar sus restos, pero desde entonces hacia acá la actividad de extracción se interrumpió definitivamente por lo que en la actualidad se dispone de de más de 30 años de acumulación que con un medido control enriquecerían grandes porciones de terrenos aledaños a los mogotes contribuyendo así a mejorar la interrelación tan necesaria entre el hábitat exterior y el cavícola.
El día 2 de Agosto de 1973 anotamos en nuestro diario la curiosidad que contemplaron nuestros maravillados ojos cuando a las 6 de la tarde, ya obscureciendo y en el silencio de la Cueva del Campamento, sentimos un ruido estruendoso que venía desde el interior de la montaña y hasta sentimos el temor de que algo peligroso pudiera sorprendernos. Pensamos en una cascada de agua que muy pronto nos arrastaría pero sin darnos tiempo a reaccionar una nube negra de miles de murciélagos se precipitó contra nuestros cuerpos a muy alta velocidad. La avalancha quiroptera se comprimía como agua por embudo justamente en el salón donde nos encontrábamos nosotros pues a pocos metros de allí se encontraba la reducida salida hacia el exterior y nuestra única reacción fue agacharnos con los brazos en la cabeza para protegernos de los fuertes golpes que estos nos provocaban. El evento pudo haber durado segundos pero para nosotros fueron siglos de aturdimiento ante tan inesperada sorpresa. Imaginamos que los murciélagos también fueron sorprendidos por nuestra presencia y el ejemplo está en que había decenas de ellos aleteando por el piso tratando de recuperarse del impacto contra nuestros cuerpos, seguramente llevaban siglos haciendo lo mismo con la confianza que los espeleólogos no existían. LA AVALANCHA HIRUNDINEA
Nos recuperamos lentamente del susto y miramos como uno por uno de los murciélagos también lo hacian emprendiendo su interrumpido vuelo hacia el exterior. Pero las sorpresas no habían terminado, no habíamos terminado de sacudirnos las ropas cuando otras miles de formas aladas penetraron a la cueva por el mismo sitio de los mureciélagos con el mismo escándalo ensordecedor que estos. Volvimos a agacharnos y protegernos de los intrusos y fue cuando comprendimos que no eran murciélagos sino que se trataban de golodrinas de cueva que regresaban posiblemente de sus labores de caza diurna para instalarse en sus nidos cavernícolas. Aquello era asombrosamente fascinante, se trataba de una especie de intercambio en el turno laboral, es decir, los murciélagos salían a cazar y las golondrinas regresaban a descanzar; pero: ¿Existiría algún acuerdo para no tropezar?-fue la primera pregunta que nos hicimos; si ambas masas no se ponían de acuerdo aquello pudiera convertirse en un caos. Posteriormente hemos observado que el mismo fenómeno se repite siempre alrededor de la 6 de la tarde todos los veranos, solo que hemos notado que no siempre los murciélagos salen primero, al parecer los primeros grupúsculos de aves que penetran en la cueva le dan la señal a los murciélagos para salir. Observar el acontecimiento desde abajo de la loma es un verdadero espectáculo ya que pueden admirarse a ambas masas vivientes en oposición de rumbos. Esta conducta debe ser más estudiada con detalles, nosotros solo nos hemos limitado a reportarla.
Para ampliar más sobre la fauna de Sabaneque, Sagua La gRande y Mogotes de Jumagua trasladate a este Sitio: http://sabaneque.tripod.com
miércoles, 3 de septiembre de 2008
Los Venados de Sagua La Grande

Llegamos a una zona que parecía un “paisaje marciano” donde se veían cientos de extraños agujeros en el piso rocoso y lascas o lajas que servían de techo a otros agujeros-túneles. Aquel curioso panorama nos devió hacia un bohío que veíamos hacia a nuestro Este, que era contrario a nuestra trayectoria de exploración, pues tuve la inquietud de al menos preguntar a los habitantes del lugar algo sobre tan raro pisaje.
Llegando al portal de la casita lo primero que me llamó la atención fue unas enormes cornamentas con muchas ramificaciones que adornaba una pared de la pequeña sala. Hablamos con una señora que atendía los quehaceres del hogar y ésta nos explicó que todo el pedazo rocoso que habíamos visto se llenaba de agua a mediados de año pues por todos esos huecos comenzaba a salir un río subterráneo atrapado en el subsuelo.
La explicación era interesante pero ahora me llamaba la atención aquellos enormes “tarros” que colgaban de la pared y cuando terminó su cautivante relato sobre las aguas subterráneas, le pregunté por el adorno de la sala y esta me señaló que se trataba de unos “tarros de venado” de un ejemplar adulto (muy viejo) que había capturado su esposo en esa zona. Yo me sentí muy complacido pues era el primer reporte que me daban “in situ” de la presencia de venado en los alrededores de Sagua; claro que también contábamos con cuentos de cazadores anteriores que los habían cazado en toda la región, y en toda la ciudad de Sagua había visto desde mi niñez las astas del venado detrás de las puertas a modo de colgador de sombreros, capas, sombrillas u otro objeto usado en la calle; pero nuestra pregunta era: ¿Existen las venados aún en nuestros tiempos?.
Me interesé muchísimo por aquellos cuernos y hasta traté de que la mujer me lo regalara explicándole la importancia que tenían para nuestros estudios y colecciones; pero ésta me explicó que su esposo era el dueño y que no estaba en casa, pero que además sabía que “por nada del mundo este regalaría su trofeo de caza”.
EL CUB DE CAZADORES DE SAGUA
En muchas converzaciones con personas que cazaron en los años cuarentas y cincuentas, estos me han señalado que los principales núcleos de poblaciones de estos cérvidos son hacia la costa norte en recovecos entre bosques y sabana. Un miembro de nuestro equipo (Guillermo Morales) que fue grumete recogedor en las partidas de caza de Don Arturo Cartaya, también fue testigo en varias ocasiones
de la captura de venados a finales de los años cincuentas, por los terrenos costeros al Este del río Sagua. También hemos visto muchos albumnes de fotos familiares en Sagua donde aparecen cazadores con sus rifles y el venado como presa, pues el Club de Cazadores de Sagua La Grande existió desde el 4 de Abril de 1918 cuando se reunieron en el Liceo los señores Eduardo Radelat Navarro, Rogelio S. Borrón Escalante y Antonio Josende Dieste ,entre otros, para discutir la conveniencia de tener un Club de Cazadores en Sagua (Ver más detalles en el capítulo de Las Aves). Este Club existió hasta 1959, fecha en que era su presidente el señor José Ramón Pérez. La continuación de esta caza mayor en los años sesentas ha estado a cargo de oficiales de la Fuerzas Armadas, de soviéticos y de militantes del partido que actualmente forman el nuevo Club de Cazadores.Un campesino en El Júcaro, junto al río Sagua, me contó en 1976 que en su área ya se veían pocos venados debido a que los perros jíbaros estaban acabando con ellos y que también los militares hacían de las suyas por allí.
En el año 1974 por fín ví el primer ejemplar vivo acabado de capturar por un guajiro propietario de una finca en los alrededores de la granja “Armonía”. El ejemplar en sí creo que no tendría ni medio año de edad ya que aún exhibía las carácterísticas manchitas blancas propias de esa edad. El campesino explicaba al público curioso que la hembra madre aún correteaba con otro cachorro más. También nos explicó que lo había capturado hacia la costa, dato que coincidía con mis otros informes.
Pedazos de cornamente encontré muchos al continuar nuestra búsqueda en las áreas de poblaciones de venados. Los he encontrado ocasionalmente enganchados en ramas de pequeños bosquesillos en la sabana. Estos prefieren sitios cercanos a corrientes o depósitos de agua dulce, donde en ocasiones se les descubre incluso bañándose en grupos. En estas áreas es fácil encontrar sus tarros o astas entre las ramas de pequeños matorrales o entre la hojarasca del suelo si se buscan bien y se conocen sus detalles. Muchos afirman que estas cornamentas la mudan todos los años y que el número de puntas nos dice la edad del Venado, pero los estudios hasta el momento coinciden en que cada candil va naciendo después de cada muda hasta completar unos cinco, que es el límite; de ahí en adelante mantiene este número hasta que son muy viejos (unos 20 años) en que le pueden crecer puntas adicionales. A la hembra no le salen cornamentas.
Es más fácil verlos al oscurecer, que es cuando salen a alimentarse. Por el día se mantienen siempre muy cerca de los bosquecillos hacia donde corren con enormes saltos al menor ruido que hagamos. Actualmente conocemos una población detrás de Los Mogotes, así como grupos que se han reportado en la salina de Isabela y Estero de Ibarra.
Terminamos este capítulo pidiéndole una tregua a los cazadores del Territorio Sabaneque pues ya las poblaciones de cérvidos son muy reducidas en los alrededores de la Villa del Undoso y sospechamos que nuestros nietos ya no tendrán la oportunidad de admirar con sus propios ojos estas bellezas con las que nos deleitamos los viajeros del siglo XX.
lunes, 1 de septiembre de 2008
Primera Expedición Arqueológica por el Río Sagua La Grande
(Extracto del libro)
El 1ro de Agosto de 1976 partimos un grupo de 4 personas en los que denominamos; “OPERACIÓN UNDOSO” que consistiría en explorar durante diez días el tramo comprendido entre la escalinata del Parque “El Pelón” de Sagua y la desembocadura en Isabela. Los integrantes éramos: Rafael Jiménez, Lázaro Daniel, Guillermo Morales y yo (luego nos visitaría por tierra Urbicio, Migue y Alfredo, que participaría con nosotros en la última exploración del día 10 de Agosto). Inicialmente teníamos el objetivo de explorar durante el día e instalar el campamento donde nos sorprendiera la noche, pero más tarde decidimos instalar el campamento central en la herradura de El Júcaro y desde allí organizar expediciones diarias con menos carga hacia ambos lados en grupos de a dos.
Aquella hermosa mañana el clima estaba a favor nuestro, José Antonio nos había dado el informe del tiempo, quedaba poca malanguilla lo cual nos facilitaría el avance, algunos amigos del grupo Sabaneque fueron a ayudarnos a cargar el pequeño bote de motor “Inés” que nos habían prestado en la Isabela y después de probar en bote con unas vueltas a todos los presentes, en la misma escalinata del río se hizo la carga de catres, faroles, cajas de comida, combustible, mochilas personales, entre otra gran cantidad de artículos que nos alarmó porque el pequeño barco quedó sin un solo espacio para caminar. Algunos “sabaneques” quedarían en Sagua pero otra parte del grupo partiría con Alfredo dentro de dos días para explorar otras áreas de la región Sagua, entre los que estaban José Santos y Fidel Roche. Una gran cantidad de amigos sagüeros concurrió a la escalinata para despedirnos y celebrar a la vez aquel gran acontecimiento “La Primera Expedición Arqueológica de Sagua La Grande” y lo hicieron con algunos tragos de ron, entre ellos el Cuco (nuestro primer fotógrafo), Carlito Cruz, el Gobio y Gustavo Pérez Huet; bromeamos que solo faltaba la banda municipal y nos despedimos de la muchedumbre reunida en el improvisado atracadero del río.
Salimos de nuestro Rincón Martiano a eso de las 10 de la mañana y con lento avance pues la carga era demasiada y no podíamos movernos apenas por temor a que se nos volteara fácilmente por lo que nos demoramos mucho en llegar a Santa Ana donde decidimos detenernos a almorzar y de paso darle un vistazo al terreno durante el resto de la tarde.
Allí pudimos localizar el fundamento del antiguo ingenio colonial “Sana Ana” y nos extrañó mucho el constatar que aun existía gran parte de su viejos hierros, argollas, palancas y mecanismos aunque en alto grado de oxidación, decidimos entonces amontonar toda esta herrería para así tirarnos una foto con lo que quedaba del legendario ingenio azucarero. Fuimos los últimos pasajeros del siglo XX en verlo pues tiramos los restos al río para poder limpiar el área de excavaciones y nos dimos a la tarea de excavar lo que nos parecía un montículo arqueológico que luego resultó ser en extremo interesante pues existían evidencias irrefutables de transculturación. Muchos de los instrumentos indígenas que encontramos estaban muy mezclados con bella cerámica europea y parte de la vajilla colonial encontrada fue armada posteriormente en mi casa donde uno de estos rompecabezas nos dió un plato casi completo y una caneka de vino, entre otros objetos del viejo mundo que aun conservamos en nuestra colección privada (donde la joya principal es una cachimba española con la talla de una sirena en su parte frontal como se tallaba en ocasiones en las proas de los barcos). El sitio lo bauticé como “Santa Ana A” y está ubicado casi al borde de la bajada hacia el río en el mismo centro de la antigua demarcación de la finca. Años después nos enteramos que el dueño de la finca, nuestro actual amigo el gallego Martínez, vió la excavación nuestra y pensó que se trataba de una botija de oro que habían sacado y se quejaba constantemente de no haber sido él quien la descubriera.
Aquel día fue de mucha alegría para los exploradores pues, no habíamos apenas comenzado la expedición y ya teníamos el segundo sitio arqueológico del río Sagua la Grande.
EL CAMPAMENTO DE EL JUCARO
El viaje continuó lento río abajo a través del bello paisaje que exhibe nuestro aun virgen río Sagua. Este tramo de Sagua a Isabela está completamente desabitado y muy adornado por frondosos árboles y ceibas centenarias habitados por aves acuáticas que le dan vida y colorido. Ya anocheciendo llegamos a ese extraño islote que le llaman “El Júcaro”. En realidad no se trata de un islote, solo que en estre trecho, el río hace una herradura tan cerrada, que nos da la sensación de estar completamente rodeados de agua y para rematar, una pequeña cañada casi une las dos puntas de la doblada herradura.
Comenzamos a descargar el equipaje ya casi sin luz, un misterioso reflejo naranja emanaba del despernado circulo solar formando un mágico dosel de fondo a un grupo de patos que emigraban más hacia el norte. Otras escenas de este encantador panorama quedarían grabadas para siempre en nuestros corazones como si un mensaje místico nos quisiera señalar a esta zona del río sobre las demás. Aun transcribiendo hoy estas notas de nuestro diario ponemos revivir como en cámara lenta aquella primera impresión tan agradable que nos quedó del recibimiento dado por el viejo bosque de Júcaros. Nunca más he recibido una impresión más placentera que aquella, al parecer se unieron los factores del colorido paisaje con las caricias de la brisa y el olor del bosque, para hechizarnos con sus encantos; el resto del grupo sintió la misma sensación de confort que se respiraba en aquel paraje. Más tarde, al conocer el área con más detalles, entendí que este era un tramo muy especial del Undoso y que nos pedía cierta atención, como si ese bosque nos hablara.
La tienda de campaña quedó por fin levantada en el centro de la herradura del Júcaro (ribera Este del río) y aprovechamos el tiempo de cocinar el arroz para darnos un reconfortante baño en la orilla del río.Cuando el bullicio de las aves comenzaba a extinguirse todos cenábamos al borde de nuestros catres bañados por la luz del farolito de keroseno y un poco más tarde salimos a deleitarnos con la brisa del Undoso y a planear las actividades del día siguiente. Dormimos luego profundamente.

Despertamos muy temprano el 2 de Agosto pues queríamos hacer un reconocimiento a nuestra Isla antes de partir a las exploraciones. Con el alba, un grupito de cocoteros realzaban el encanto tropical de este maravilloso retiro de el Undoso; ¡no podíamos haber escogido mejor lugar para acampar!. ¿ Pensarían lo mismo las comunidades prehistóricas de Sagua?. Cerca de los cocos había una cabañita de troncos y cañabrava que nos pareció abandonada pero luego comprobamos que estaba muy bien cerrada existiendo la posiobilidad que su dueño la visitara de vez en cuando. Después de un breve recorrido por el área comprobamos que efectivamente aquella porción de terreno constituía un perfecto refugio al estar rodeado en un 80 porciento por las aguas de un profundo meandro. La cerrada curva en herradura que sigue el Undoso en este trecho convierte a este espacio en una pseudo-isla.
EL MACROSILEX DEL JUCARO
Salimos a explorar hacia el Sur del campamento Lázaro y yo. Hacia el norte enfilaron Guillermo y Rafael con la idea de dedicarnos todo el día al rastreo de la zona y al atardecer reencontrarnos en el campamento. Les dí alguna idea de cómo buscar pistas arqueológicas y de como podían lucir ciertos objetos indios. Atravezamos la cañada por el borde del río y nos adentramos en un bosque tupido pero con amplios senderos al parecer muy transitados por los pescadores y campesinos pues por todos lados veíamos algún objeto civilizado en el suelo como pedazos de pita, cacharros y botellas, le dije a Lázaro que caminara él hacia el Oeste y yo seguiría hacia el Sur; pero de pronto Lázaro me grita: ¡ Un pedazo de Silex ¡ y señalando al piso me orienta hacia una gran lasca empotrada en en el fango sólido que parecía como cemento. Con mucho cuidado logré desprender la extraña pieza. Aunque ya estos instrumentos líticos se habían hecho muy común para nosotros, este en particular me llamó la atención debido a su exagerado tamaño. Por el momento nos conformamos con acariciar el primer cuchillo aborigen que se hallaba en la región pero más tarde comprendimos la enorme importancia que este descubrimiento representaba. El indio cubano se caracterizaba por la elaboración de instrumentos pequeños que conforman un patrón al que todo arqueólogo antillano está acostumbrado, esta industria conocida como “Microsilex” es muy común en todos los asentamientos que se encuentran en Cuba, por lo que el hallazgo del “Macrosilex del Júcaro” acababa de colocar a esta zona en la lista de las de ¡ mayor interés en todo el mapa arqueológico cubano!.
Continuamos inspeccionando y haciendo calas de pruebas a lo largo de todos los recovecos de aquel sector del río pero no encontramos una gemela de aquella pieza, en cambio una pequeña colección de pequeñas puntas de flechas de silex y algunos pedazos de instrumentos de strombus si enriquecieron nuestra colecta.
Paralela a esta exploración arqueológica del Júcaro no dejé de enriquecer mi colección de insectos, arácnidos, moluscos y otros invertebrados que luego clasificaría en el campamento encontrándome que una de mis mariposas era una rara de grandes palpos labiales. Ese día la había colocado en alfileres en una caja de colección adaptada para lepidópteros pero ninguna clave taxonómica de las que llevé en este viaje me sirvió para identificarla completamente y luego un accidente me dañó la caja y perdí el ejemplar original; no obstante años después la colecté de nuevo y pude identificar como Lybytheana motya. Aunque el ejemplar actual de mi colección no es la del Júcaro, he optado por poner a aquella desaparecida como mi primera colecta a pesar de no ser mostrable. Me hubiera gustado mucho conservar la mariposita del Júcaro pues fue el mismo día que apareció la gran pieza silícea y yo adoro el simbolismo. En cuanto a aves pudimos observar un gran grupo de Cocos Blancos (Eudocimus albus) y la Gallareta de Pico Blanco (Fulica Americana) que nunca antes habíamos visto.
Por la tarde nos encontramos en el campamento y nos bañamos en el río. Oíamos la emisora musical de Estados Unidos “W.Q.A.M.” en un radio portátil VF que había llevado Guillermo pero que Rafael se había adueñado de él y no quitaba de esta emisora. Guillermo tenía solo dos juegos de pilas y le recordaba a Rafe que si seguía esa racha nos quedaríamos sin radio a mitad de camino (como así sucedió).
LA CANOA INDIA
Amaneció el 3 de Agosto con el mismo buen tiempo para tranquilidad de nuestras exploraciones. Este día acordamos que los 4 saldríamos juntos hacia el área norte que les faltó por explorar a Rafael y Guillermo. Luego de desayunar nos adentramos por el camino que habían seguido el día anterior pero luego una ramificación giraba hacia el norte que era el sector no explorado y este rodeaba una gran laguna formada quizás por un antiguo meandro del río ahora aislado. En sus entornos encontramos algunos restos de instrumentos de concha pero no parecían aflorar de algún sitio o basural, quizás existían allí producto del arrastre. Bordeamos el 70 porciento de la laguna y luego continuamos más hacia el nordeste por un limpio camino que “a algún lugar llevaría”. La zona se sentía muy húmeda y teníamos nuestra ropa pegada al cuerpo. No habíamos caminado más de 100 pasos de la laguna cuando vimos un montículo que nos llamó la atención; por el lado que lo mirábamos era perfectamente redondeado pero al rodearlo nos dimos cuenta que estaba cortado por lo que pudiera ser algún arrastre fluvial durante las crecidas de río y mostraba una especie de estatigrafía o capas del terreno, pero lo curioso era un enorme objeto empotrado en su centro el cual nos aferramos en desenterrar pero se nos hacía pedazos entre las manos por lo que decidimos excavar con cuidado hasta bordear sus contornos y de esta manera lograr extraerlo en pedazos grandes pero en toda su magnitud. Aquello era raro, tenía la forma de un barco con su cavidad interior y su fondo en forma de quilla. ¿ No será una canoa?, ¡Una canoa India!. Pues muy bien que parecía una especie de bote obtenido de un grueso tronco que se ahuecó con fuego. Los restos de carbón se veían por debajo de la cavidad y su posición era “boca-abajo”. Pero con buena vista detectivesca prodría incluso verse las quemaduras de su interior y los zarpazos de algún instrumento de pala o gubia.
Bueno, no sería precisamente india (como hubiéramos deseado) pero si existía una alta posibilidad de que alguien huviera intentado allí el ahuecamiento de un tronco por medio de una hoguera. Muchos siglos han pasado desde que el último aborigen sagüero paseó su canoa por las corrientes del undoso-río, y la posibilidad de encontrar restos de una de estas embarcaciones de madera se hace por tanto casi nula. Pero entre nosotros le seguimos diciendo al hallazgo; “La Canoa India del Júcaro”.
La tarde terminó con otras colectas de caracoles e invertebrados para el catálogo, así como el reporte visual de algunas aves. Era solo el tercer día sobre la cuenca fluvial del Sagua y mi colección zoológica ya era amplia, nunca antes se había hecho un catálogo tan extenso sobre el hábitad acuático de la Villa del Undoso y esto nos emocionaba. Puse todas mis cajas sobre dos catres que sacamos fuera de la casa de campaña y aquello parecía un gran Museo de Ciencias Naturales.
Por la noche oímos aullidos de perros jíbaros.
SITIOS ARQUEOLOGICOS: “MATADERO- A y B”
El dia 4 de Agosto de 1976 lo dedicamos a explorar el tramo que nos faltaba desde nuestro campamento hacia Sagua; arrancamos el motor por la mañana y nos llevamos todo un cargamento para no tener que regresar al campamento por todo un día. Al principio temíamos dejar a nuestro campamento abandonado, pero con la llegada del agradable y útil viejito Pampín comprendimos que ahora si tendríamos más libertad de movimiento. Pampín se comprometió a tenernos la cena lista cuando regresáramos por la tarde y con esa ventaja nos fuímos hacia el Sur del campamento en la cadena de exploraciones que nos faltaba por empatar desde Sagua hasta el Júcaro. Llegamos aún temprano a las cercanías del matadero de Sagua y a partir de ahí comenzamos el rastreo de ambas riberas. Lázaro y Guillermo explorando la banda Este del río y Rafe y yo la orilla occidental hasta donde pudiéramos en 10 horas. El compromiso era aprovechar el máximo del día para así poder vencer esta primera etapa del río hasta nuestro campamento, pero había mucho que ver en ese trecho y no nos bastaría con un solo día para completar nuestro plan. Esta etapa del Undoso es maravillosa y necesita de más atención de los futuros exploradores, quizás sea la más dañada desde el punto de vista del contacto de la civilización moderna pero en todos y cada uno de sus puntos rastreados encontramos sitios aborígenes alterados por la mano actual. Cerca del matadero hallamos dos Sitios al que precisamente bautizamos como “Matadero A y B”, donde la abundancia de dieta y conchas trabajadas (acumulada en cientos de capas) denota un basural prehistórico que debe estudiarse con prontitud ya que la actual actividad civilizadora y la acción natural del río pueden diluirlas con el paso del tiempo. Aunque nuestro objetivo principal era arqueológico, no perdí oportunidad de continuar mi catálogo zoológico y a cada minuto un nuevo ejemplar pasaba a engrosar mi colección. Muchos insectos caían en mi jamo entomológico y los iba colocando cuidadosamente en cajitas de fósforos con algodón y nicotina. Luego, al llegar al campamento, me deleitaba clasificándolos taxonomicamente junto al portal de la tienda de campaña y disfrutando de la apacible brisa del estío. Entre los insectos que colectamos cerca del Matadero está una mosca campestre (Ocyptamus sp) que ya habíamos podído identificar en Jumagua pero en una variante de especie por establecer entre estos sírfidos.
En cuanto a los vertebrados, habían dos que eran foco de mi atención debido a los tantos relatos existentes, el temible cocodrilo y el poético manatí. Nos han contado nuestros mayores varias anécdotas de cocodrilos que se han capturado en el río Sagua, disecados y exhibidos se han conservado por mucho tiempo en casas y escuelas de nuestra ciudad, por lo que no descartamos la posibilidad de que aun queden algunos individuos aislados como sucede en el caso de los sábalos que a pesar de considerárseles extinguidos por completo del río Sagua, hemos podico constatar la existencia de individuos sobrevivientes de pequeña talla. Aunque del cocodrilo no tuvimos reportes, en cuanto al manatí la cuestión es menos enigmática ya que se conoce una gran población que aun ive en la desembocadura y personalmente he saboreado sus gustosa carne ya que fatalmente continua en el mercado negro. Los manatíes se ven en ocasiones río adentro a gran distancia de la desembocadura. Hemos coleccionado algunos de sus esqueletos como parte de donaciones de pescadores y campesinos fluviales.
Aquella noche nos visitó el señor Pampín que era el dueño de la cabañita de juncos en el islote y que curioso por nuestra casa de campaña de acercó con recelo para conocernos. Le expliqué que éramos exploradores y que queríamos saber todo lo posible sobre su dominio; este amigo nos resultó muy amable y benéfico a nuestra empresa porque en el acto se comprometió a cocinarnos durante todos los días que allí estuviéramos, cosa que liberó a nuestro chef Urbicio de sus labores culinarias marchando al día siguiente para Sagua.
SITIOS ARQUEOLOGICOS “DELTA A y B”
Amanece el 5 de Agosto, día medio de nuestra expedición, Pampín nos trajo leche caliente, un tesoro que no poseíamos en nuestra despensa, y algunos la tomaron con café, yo la tomé con mucha azúcar pues la caminata del día iba a ser muy larga y necesitaba quemar gran cantidad de energía. Dirigimos nuestro bote hacia la zona de “Delta” y dejamos a Lázaro y Guillermo en la ribera oeste para dirigirnos Rafe y yo a la banda oriental del río donde escondimos y encadenamos bien el bote, en este lado del río había menos tránsito humano.
En la caminata por la ribera pude colectar el segundo ejermplar de Sphaerium cubense (molusco bivalvo de la familia Pisidiidae) el cual dos años atrás había encontrado cerca del Dique del río Sagua.
Aquella noche fue muy agradable para todos porque nos sentamos a orillas del río con el señor Pampín y su hijo a converzar de las cosas fascinantes de la naturaleza. Nosotros teníamos ya
algunos años acampando en los montes de sabaneque pero nuestro anfitrión llevaba toda una vida fluvial que le había aportado sorpresas tras sorpresas. Nos contaba Pampín que las crecidas del Undoso habían llegado en muchas ocasiones hasta su cabaña a pesar de estar algo elevada en el centro del “islote”.
Hicimos buena buena pesca, al menos para el catálogo zoológico del Undoso, al sacar del río unos robalitos de buen tamaño (ver: PECES) y unas biajacas. Nos decía además nuestro anfitrión que en esta área del río entran muchos peces del mar y nosotros lo habíamos comprobado personalmente en otros viajes por estas orillas donde entrevistábamos a muchos pescadores fluviales y revisábamos su pesca.
LA TORMENTA
El 6 de Agosto completamos las exploración del tramo comprendido entre la ciudad de Sagua y San Jorge, ya comenzíbanos a tener una idea bien clara de la enorme actividad indígena que en tiempos prehistóricos animaba a la cuenca del Undoso. Nos imaginábamos un tránsito de canoas numeroso y un gran movimiento a lo largo de ambas riberas como nunca más lo ha habido, porque hemos de aclarar que, lo que hoy es el tramo más deshabitado del río Sagua La Grande, en épocas pre-coloniales fue todo un hervidero de civilización. Los aborígenes sagüeros contaban con el río más grande y caudaloso del norte cubano rico en moluscos, peces, quelonios, aves y mamíferos, pero que además le brindaba la ventaja de un transporte rápido entre el mar y la tierra adentro, lujo con que no podían contar otras comunidades indígenas.¡ Los que se apoderaron de la ribera del Sagua fueron los más prósperos sin duda alguna! como bien muestra la abundante y variada dieta en nuestras excavaciones arqueológicas. La fauna marina, la fluvial y la terrestre era de más fácil acceso para estas comunidades ribereñas que para el resto de los enclaves indios; y el ejemplo lo vemos después cuando los colonizadores convierten a Sagua La Grande en la ciudad más opulente del antiguo territorio Sabaneque, desde el río Sagua La Chica hasta los límites con Martanzas ninguna otra comunidad pudo competir con la floreciente economía de esta villa enclavada en las márgenes del Undoso. Los indios lo sabían y por eso ahora nos encontrábamos con sus numerosas ciudades prehistóricas a lo largo de toda la cuenca.
En cualquier recodo nos sorprendían gubias, cucharas, martillos, infinidad de puntas de flechas (lo cual mostraba la intensa actividad de caza por estos bosques), raspadores y vasijas de nuestros siboneyes. Montículos o asentamientos propiamente dichos teníamos unos pocos cada cierto tramo del río pero todos ellos interconectados en todo momento por una visible actividad humana constante.
Aquella tarde regresamos temprano al campamento ya que de pronto cúmulos de nubes oscurecieron el cielo; el olor de la fría brisa presagiaba tormenta. Con la alegría de un anfibio nos acurrucamos dentro de nuestra morada de lona. Esperábamos el diluvio entre algunos traguitos de ron y con la estación americana WQAM que con la versión de “La Quinta de Beethoven” inauguró el temporal.
Una fuerte ventisca comenzó por acariciar los sólidos vientos de nuestra tienda, haciendo que el farolito suspendido en el techo nos alertara. De pronto, una banda del techo se desinfló cayendo sobre nosotros; con rapidez traté de sostener la soga zafada, pero ya era tarde, la casa cedió y otros cordeles saltaron; luchábamos inútilmente contra un serio mal tiempo, entre lluvia y truenos cada uno de nosotros trataba de sostener los vientos de la tienda a gritos que apenas se oían; la situación se nos parecía mucho a los momentos anteriores a un naufragio que habíamos visto en las cintas de piratas; la vela de nuestro barco era la enorme lona de la casa de campaña que no podíamos controlar y que intentaba volar hacia el río como un inmenso globo aerostático lo que nos hizo tomar la decisión de introducirnos en su interior y dejarnos caer como anclas para así protegerla lo mejor posible hasta que todo. Sentados en el suelo cada cual agarraba con fuerza su pedazo y por mucho tiempo aquella postura nos debilitó mucho, en ocasiones llegamos a pensar que sería preferible dejarla volar, pero el orgullo no nos permitía dejar nuestra expedición a medias, no nos podíamos ver las caras y nos comunicábamos a gritos. Rafe sostenía la lona con ambas manos y con sus rodillas protegía al radio que aun cantaba. Por fín la furia de los elementos comenzó a dar señales de pacto. Bajo el gris de la ya debilitada borrasca, comenzamos a levantar de nuevo nuestro hogar como laboriosas termitas. Estábamos chorreando agua y temblando del frío, perdimos algunos víveres y toda nuestra ropa y camas estaban empapadas de agua; por mi parte perdí parte mi cajita de insectos, sobre todo algunas frágiles mariposas que me habían llevado tiempo capturarlas . Desde el río la voz de Guillermo nos comunicó que nuestro barco yacía totalmente desbordado de agua, por lo que sin pérdida de tiempo comenzamos a achicarlo y una vez aligerado lo subimos un poco a la tierra y atamos fuertemente; la oscura noche nos sorprendió en esta labor y con ella el empeoramiento de la turbonada. Lázaro Daniel con una linterna y una capa fue a la cabaña de Pampín y recogió nuestra cena la cual devoramos como felinos hambrientos. Preparamos nuestros húmedos catres como pudimos y nos recostamos a meditar sobre la agotadora jornada; sobre el techo de la lona el sonido de la lluvia nos deleitaba y esto armonizando con nuestro cansancio terminó por rendirnos…
¡ NAUFRAGOS FLUVIALES ¡
Otra hermosa mañana nos sorprendió en los exuberantes bosques del Undoso, era 7 de Agosto, cerrábamos pues una semana desde que habíamos partido desde la escalinata río abajo. Un arco-iris hacia el oriente reinauguraba nuestro paraíso. Nuestro buen hombre, padrino de la exploración, se nos apareció con leche, café y galletas, le habíamos regalado nuestras latas de leche condesada que le gustaba mucho, y él nos deleitaba con leche fresca de vaca.
Después de desayunar nos dimos a la tarea de achicar el bote que se había llenado de nuevo durante la noche. Al intentar poner el motor en marcha todo fue inútil. Intento tras intento terminó por convencernos de que nada más se podía hacer, ninguno de nosotros era mecánico, pero además, no teníamos herramientas para trabajar. Ahora éramos “naúfragos” en nuestro islote; teníamos que hacer algo, pues aun nos quedaba por explorar el tramo desde San Jorge a Júcaro para luego dedicar los días finales de nuestra expedición a rastrear la interesante área de “El Dorado” y los complicados terrenos de la desembocadura.
Así pues nuestra exploración a través de los tórridos bosque del Undoso se había detenido momentáneamente. No encontrando forma de reparar el motor del barco decidimos enviar un mensajero a Sagua en larga caminata por los intrincados senderos de la ribera oriental, pero la pequeña chalana del señor Pampín vino a salvar la situación al así poder trasladar a Rafael hasta la orilla oeste del río por donde le sería más práctico llegar a Sagua localizando la carretera o el tren de Isabela. Me monté en la chalana con Rafe y así lo llevé hasta la otra orilla, luego de despedirme vimos como se alejaba hacia la carretera de Sagua.
El sol avanzaba en el cenit. Mis colegas se entretenían pescando y oyendo la radio en la banda “radio aficionados” de la onda corta por última vez porque ya el radio había consumido los dos juegos de pilas. Yo aproveché la ocasión para conversar con el amigo Pampín algo sobre este interesante reducto del río Sagua La Grande donde todo parecía conservarse.
EL GATO, EL PERRO JIBARO Y LAS AVES
Sentados en un portal de cañabravas de su cabaña, el viejo me explicaba: (-“el gato y el perro jíbaro abundan por aquí, y los pocos venados que quedan se lo están comiendo los perros que los atacan en jaurías”. Sobre los perros jíbaros ya habíamos tenido varias experiencias en diferentes campamentos de la antigua región Sabaneque y en no pocas ocasiones se habían atrevido a acercarse hasta la misma tienda de campaña. Sobre los venados (Odocoileus virginianus) es conocido el asilo que han encontrado entre los Mogotes de Jumagua, el río, y la costa, pero personalmente sólo habíamos observado un ejemplar juvenil capturado cerca de Armonía y algunas cornamentas en el monte y adornos en las casas. Hace solo unos 15 años (1960) dejó de existir en Sagua el “Club de Cazadores” que a lo largo de todo el siglo se dedicó a la caza del venado y hemos visto muchas fotos con los venados recién capturados>.Se me ocurría de pronto la idea de que “El Júcaro” muy bien podría convertirse en un futuro, en un excelente refugio a “Area Protegida” para la conservación de estos maravillosos cérvidos. Valía la pena soñarlo).(Ver mamíferos)
“Es interesante además subrayar la enorme cantidad de patos y otras aves migratorias que pueblan estos bosques, dándoles un colorido único solo comparable con las ciénagas del Mogote, sin dejar de mencionar especies nacionales, endémicas, subespecies, raros visitantes, los cuales parecen (por suerte) no haber sido descubiertos por el cazador como el “halconcito cubano” (no confundir con el “Cernícalo), rara especie que aún anida en este rincón de Cuba. En el habitad acuático lo destaca la situación estratégica de ser “un punto de tránsito entre especies de agua dulce y de desembocadura” hecho constatado por todo el que aquí pesque. Por eso he propuesto a esta zona como candidata a : “Refugio de Vida Silvestre del Río Undoso”, sin dejar de tener en cuenta, por supuesto, la enorme importancia arqueológica que tiene para Sagua este trecho del río.”
Durante aquella noche, sentado en la mesita plegable y bajo la luz de un farol, mi fantasía me llevó a confeccionar un croquis de: “cómo luciría mi “refugio del Júcaro”.
Rústico croquis dibujado en el Júcaro sobre la distribución que podría tener nuestro Refugio de Vida Silvestre del Undoso.
EL JUCARO Y LA PROTECCION DEL RIO UNDOSO
En este interesante punto denominado “El Júcaro” (a mitad de camino fluvial entre Sagua e Isabela) se fusionan dos hábitats básicos: el marino y el fluvial, apareciendo una mezcla de flora y fauna que en su conjunto forman un sistema ecológico especial.
Aquí, aunque el agua aún es potable, podemos observar animales completamente marinos mezclados con las especies propias del río. Esta observación, unida a la belleza natural de su paisaje, y a la presencia de una abundante vida salvaje terrestre, bastarían para justificar una “Protección del Area” convirtiéndola por tanto en un “Refugio de Vida Silvestre”. Pero hay más. Lo que llamamos “El Júcaro” antaño constituyó un gran asentamiento indio digno de atención ya que esta comunidad nos presenta un patrón muy diferente en su industria de la piedra al tan común en el indio cubano. La zona es además, junto a los Mogotes, un importante punto de contacto de aves migratorias de las más variadas especies ya que la vegetación cambia enormemente en un área relativamente pequeña.
Por tanto:
1- Debido a la deslumbrante belleza de esta zona, unido a otros factores como:
2- Vida salvaje abundante.
3- Sitio arqueológico de interés.
4- Distintos habitats en un área relativamente pequeña.
5- Zona de tránsito entre especies de agua dulce y de desembocadura.
6- Reporte de aves migratorias.
7- Posibilidades de cultivos varios
8- Necesidad de protección y rescate de nuestra fauna fluvial.
Propongo a esta zona para: “REFUGIO DE VIDA SILVESTRE DEL RIO UNDOSO”.
Si existen tareas prioritarias para nuestra civilización, una de las principales es la protección del medio ambiente y la conservación de nuestra historia.
El 8 de Agosto llegó por río el mecánico que nos repararía el barco y también se incorporaba a nuestra expedición Miguelito en sustitución de su hermano Rafael que tenía compromisos que no le permitirían regresar en contra de su voluntad. En pocos minutos nuestro motor fue reparado e inmediatamente salimos los 4 juntos para explorar los pequeños tramos que nos faltaban hasta el Júcaro. Con esta inspección completaríamos el espacio Sur comprendido entre nuestro campamento y la ciudad de Sagua. Nos quedaban pues, dos días más para cubrir el tramo Norte entre nuestro campamento y la desembocadura en Isabela. Entre las colectas zoológicas tuvimos a la rana platanera Hyla septentrionales, la ranita Colín Grillo, la lagartija Anolis allogus, ……………..pude observar a muy poca distancia al Halconcito Cubano, al Bobito Grande (Myiarchus stolidus sagrae),
EL DORADO
Bien temprano el día 9 de Agosto, aun con poca luz solar, marchamos lentamente hacia “El Dorado” el río despedía una bruma que fue luego despejándose con los primeros rayos solares. El Undoso se mostraba muy interesante en estas coordenadas. Desde el centro del río íbamos saboreando las distintas imágenes que desfilaban remisamente ante nuestros ojos. Al observar los grandes arbustos, nos venía a la mente el palacio de “El Escorial” en España, construído según se ha dicho, con madera de estos antiguos bosques. Un vistoso grupo de cañabravas amarillentas se inclinaban hacia las aguas resaltadas por el intenso verde del dosel forestal; patos, gallinuelas, corúas, acentuaban el colorido.
Otro día de exploraciones viajando río abajo hacia el norte de “El Dorado” donde apareció el primer Sitio aborigen.
En la zona del Dorado detuvimos nuestro barco todo el día con el fín de localizar nuevos montículos. Aproveché la oportunidad para enseñarles a mis amigos el lugar donde un año antes habíamos descubierto el primer sitio arqueológico de Sagua, así como el punto de la primera excavación y la posición donde habíamos colocado la casa de campaña. “Es interesante notar como el río ha ido erosionando las altas orillas de tal forma que puede observarse con gran claridad una excelente estatigrafía del terreno, es decir, diferentes capas o niveles , perteneciendo cada una de ellas a diferentes épocas de la historia aborigen, ¡ Un verdadero libro escrito sobre la corteza de la tierra!. Que debe excavarse rapidamente antes que las corrientes fluviales sigan lamiendo este borde o meseta. Además, algunos planes agrícolas amenazan con remover esta aldea prehistórica intacta hasta el día de hoy”- escribí en el diario.
Durante la exploración por esta ribera localizamos 3 sitios más que bautizamos por orden abecedario y a eso de las 11 de la mañana cruzamos el río para localizar otro sitio más lo cual sumarían 5, contando al original “Dorado A”. Con el descubrimiento del “Dorado E” marchamos un poco hacia el norte, y a lo largo del trayecto podíamos confirmar que el volumen de dieta aquí acumulado era enorme, lo cual reafirma que en el área existió sin dudas una gran población indígena. Desde el centro del río puede verse, sobre todo, gran cantidad de Codakia y miles de mandíbulas de jutía, junto a infinidad de piezas de silex y otros instrumentos de nuestros Siboneyes lo cual muestra que nuestros indios sagüeros estaban muy bien alimentados proteicamente con ese apetitoso roedor que al parecer dominaba estos montes varios siglos atrás. Acercando el bote a estas altas paredes de hueso y barro podíamos desprender a nuestro gusto la pieza que quisiéramos y a veces nos atacaba la tentación de arrancarlo todo, pero debíamos conservar estas mesetas intactas para futuras excavaciones. No podíamos entender como nadie se había percatado antes de la existencia de este tesoro arqueológico. Todo estaba a la vista y mirando las compactas franjas de dieta, podíamos incluso saber en cuales épocas la comunidad india tuvo mejor caza y en cuales mejor pesca. Les había dicho a mis amigos señalando a un bloque de Codakias: -“Miren esto, tremenda hambre pasaron este año”- a lo que contestó Lázaro señalando a miles de jutías por debajo:-“claro, si se metieron dos comiendo jutías”.
Un poco más al norte caminamos un gran tramo y vimos de nuevo a las hermosas aves de pico curvo conocidas por “Cocos” por el sendero que lleva al Estero de Ibarra, famoso lugar de leyenda (ver: El Crucifijo de Ibarra) hacia donde tuvimos la tentación de llegar pero el viaje era largo y no queríamos alejarnos de nuestra misión que era la cuenca del río, por lo que regresamos por un terreno más complicado tratando de no rastrear la misma área dos veces. Nos tropezamos con cangrejos, arenas y pantanos, pero esta zona se mostró estéril a nuestra vista, pero nos deleitaron estos parajes tan inóspitos y nos sorprendía que en pleno siglo XX la civilización no frecuentara estas áreas; aquí capturé a un bello lepidóptero de la especie Papilio thoas; una libélula (Ischnura hastata);
. Al llegar al río tomamos el barco para cruzar hacia la orilla Oeste y aún tuvimos tiempo de colectar otros instrumentos de concha y silex cercano a la zona donde el río se divide en dos, es decir río nuevo y río viejo. Eran las 5: 15 de la tarde cuando regresamos al campamento río arriba, tuvimos la oportunidad de ver una aleta de tiburón dentro del propio río y nos pareció identificarlo con un temible cabeza de batea, habíamos oído decir que a veces llegaban hasta la misma ciudad de Sagua en las cercanías del matadero pero ahora sí podíamos afirmar, al menos, que “entraban al Undoso” ..
El barco caminaba lento forzado por la corriente, pero teníamos buena provición de combustible pues el mécanico nos había traído a pedido nuestro un una reserva para varios días más.
EL FINAL DEL BOTE
Lo que pasó fue que de pronto se hizo de noche, el cielo encapotado hizo que el sol desapareciera por completo y de nuevo el viento frío nos indicó que otro aguacero nos sorprendería. Yo iba conduciendo el bote y decidí acelerar al máximo; aquel motor vibraba del esfuerzo que hacía conta-corriente, no era aconsejable esforzarlo tanto según nos habían aconsejado en Sagua. Las olas nos daban fuertemente en la proa y nos levantaban peligrosamente, pero no podíamos darnos el lujo de quedarnos botados tan lejos del campamento. A mitad de la meta comenzó a llover y con la experiencia anterior empezamos a temer que el motor se nos volviera a ahogar, por lo que acordamos todos taparlo con nuestros propios cuerpos, al principio Migue se quitó la camisa y trató de cubrirlo pero muy rápido la tela chorreaba y Migue temblaba de frío, el agua estaba congelada. Todos haciendo de techo logramos que el motor se conservara por largo trecho; el diluvio era espantoso y ahora también temíamos que se nos inundara la embarcación. Dos sacaban agua y dos protegían al motor, pero el aguacero era muy cerrado, no se podía ver a dos metros por delante, yo conducía a tacto y el factor de choque también era otra preocupación. Le dí el timón a Migue y me puse a achicar el barco junto a Guillermo; él conducía de pie para así poder cubrir al motor de la lluvia con su cuerpo junto a Lázaro Daniel, pero sus temblores fueron aumentando hasta un nivel tal que tuvo que sentarse y nos asustamos de que Migue estuviera en problemas; le dije a Lázaro que lo abrazara porque se nos iba a morir, nunca antes había visto a una persona temblando de aquella manera. Por fín doblamos la curva que nos aproximaba al campamento y respiramos un poco más tranquilos, “el Inés” se había portado bien, aunque a poco menos de un kilómetro se rindió definitivamente y con el impulso dimos un giro brusco para empotrarnos contra la orilla. Nos vimos detenidos en medio de una gran tormenta pero al campamento había que llegar y con descomunal esfuerzo logramos arrastrar al bote por toda la orilla hasta que por fín pudimos arribar al islote del Júcaro. De imediato le dije a Lázaro que acompañara Migue hasta las casa de campaña y que se secara pronto. Guillermo y yo lo amarramos y corrimos con la carga hacia el calor de nuestro hogar. Este fue nuestro último recorrido con “el Inés” que allí quedó semihundido en las aguas del Undoso.
Por la noche, dentro de la casa de campaña, nos dedicamos a clasificar el material que teníamos y yo lo anoté todo cuidadosamente en la libreta de campo. A pesar del nuevo incidente con el
barco, estábamos felices porque un 90 porciento de nuestro planeado objetivo ya se había cumplido. Sabíamos que esta no sería la expedición definitiva, el Undoso necesitaba un mayor sondeo arqueológico, pero para ser la primera vez en la historia que esto se hacía, habían sucedido muchas sorpresas en solo 9 días; la historia de Sagua había dado un nuevo giro y de esto estábamos muy orgullosos todos. Destapamos la penúltima botella de ron y lo celebramos como pudimos.
El dia 10 no se pudo emplear en la última exploración planeada, pero dedicamos el día entero a rescatar a nuestro bote y a empacar todo nuestro cargamento para aligerar nuestra partida. Alfredo, nos visitó en esa mañana del 10 como habíamos planeado desde Sagua y al explicarle el contratiempo, regresó en el acto a Isabela para buscar ayuda.
Al día siguente (día 11 de Agosto de 1976) sentimos en la mañana el pito de un barco que nos venía a rescatar. Un gran mástil se veía entre las copas de los árboles tratando de arrimarse a nuestro improvisado puerto, y poco después nos dirigíamos en el gran barco hacía Isabela de Sagua. Hicimos algunas paradas en el tramo final y comprobamos que las aldeas indias existíeron hasta la misma desembocadura. En la misma desembocadura encontramos algunos basurales diseminados en ambas riberas. Los cementerios de conchas elaboradas son abundantísimos, así como de Strombus sin elaborar. El tramo hacia la desembocadura está muy lleno de vida y vimos grandes cardúmenes de lisas, por las orillas pude ver por primera vez a un grupo de Sevillas (Ajaia ajaja) que con la ayuda de los prismáticos identifiqué por su inconfundible pico en forma de espátula.
Parece muy lógico que existiera en la prehistoria tan enorme población teniendo en cuenta que nos encontrábamos ante el río más grande de toda la costa norte de la Isla de Cuba.
Más detalles en: http://sabaneque.tripod.com/
Colección
Museo Privado












