viernes, 17 de mayo de 2013
Lomas "El Mamey", Sagua La Grande
lunes, 6 de agosto de 2012
Fotos de los Mogotes de Jumagua, Sagua La Grande
lunes, 17 de noviembre de 2008
Redescubrimiento de los peces ciegos de Cuba
EN SU LOCALIDAD ORIGINAL.
FORUM ESTUDIANTIL DE LA FACULTAD DE BIOLOGIA,
UNIVERSIDAD DE LA HABANA- 1977
Por: Pedro Suárez Rojo y Pedro A. Díaz
Estudiados posteriormente por Felipe Poey (1858) y por algunos investigadores extranjeros, se determinó que nuestros peces ciegos representan dos Especies distintas dentro de la Familia Brotulidae: Lucifuga subterraneus y Stygicola dentatus.
En esta ponencia se reporta la presencia de Lucifuga subterraneus en la misma localidad donde Noda la encontró 147 años atrás; describiéndose a continuación la morfología externa de la hembra allí capturada.
Además se demuestra mediante el test estadístico x2 que las referencias conocidas hasta el presente sobre la ubicació geográfica de ambas Especies implican diferencias significativas en su distribución: Stygicola dentatus se extiende desde Pinar del Río hasta Matanzas; mientras que Lucifuga subterraneus sólo ha sido reportada en la región occidental de Cuba.
Desde la primera referencia publicada en 1842 sobre el hallazgo de de peces ciegos en cavernas de Kentucky, Estados Unidos, los mismos han atraído la atención de numerosos investigadores por sus peculiares adaptaciones al ambiente troglobionte.
En Cuba, el primer naturalista en interesarse por ellos fue Noda; quien los descubrió en 1831 en la “Cueva de Cajío”, Güira de Melena. No obstante la importancia de su descubrimiento, Noda lo silenció durante 27 años, y solo en 1858 se lo comunicó a Felipe Poey en una extensa carta descriptiva. El sabio cubano, ya conocía de su existencia y había estudiado detalladamente su morfología. Ese mismo año Poey publicaría los resultados por él obtenidos, creando el nuevo Género Lucifuga, que abarcaría dos especies conocidas: Lucifuga subterraneus y Lucifuga dentatus.
Posteriormente, distintos autores señalarían nuevas ubicaciones en su distribución geográfica y completarían las conclusiones de Poey, determinando que Lucifuga dentatus exhibe características diferenciales que permitieron crear para ella un Género distinto: el Stygicola (Eigenmann, 1902 y 1907), (Lane,1903), (Kosswing, 1934) y (Barbour, 1945).
El presente trabajo tiene dos objetivos: reportar la presencia actual de Lucifuga subterraneus en su localidad original, donde fuera descubierta por Noda 147 años atrás y discutir algunos aspectos sobre la distribución geográfica de nuestros peces troglobios.
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MATERIALES Y METODOS
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El ejemplar de Lucifuga subterraneus descrito en esta ponencia corresponde a una hembra capturada durante el mes de Febrero del año actual en la “Cueva de Cajío”, distante 10-13 kms al Sureste de Güira de Melena, Provincia de La Habana. De esta localidad procede la primera mención conocida de peces ciegos en Cuba (Núñez Jiménez, 1963), (Abascal, 1977).
La ubicación geográfica de la cueva se obtuvo utilizando las indicaciones descritas por Noda en su carta a Felipe Poey de 1858, reproducida en “Revista de Cuba”, Enero de 1878. Para ello, no solo hubo que reconstruir el trayecto recorrido por el naturalista en 1831, sino también localizar antiguos enclaves no existentes en la actualidad, tales como “el potrero de Torres” y el “Ingenio La Morenita”.
Capturado vivo, el animal fue trasladado en un recipiente cerrado hasta el Departamento de Zoología de la Facultad de Biología, donde se logró mantenerlo durante casi 5 días en una pecera común junto a otras especies dulceacuícolas, sin ninguna ambientación especial. Esto permitía estudiar algunas reacciones de su conducta y obtener fotografías del mismo aún en estado viviente, tras lo cual fue sacrificado para la debida conservación.
El estudio de su morfología externa y las determinaciones morfométricas correspondientes se efectuó en laboratorios del mencionado Departamento de Zoología, en cuya colección se depositó el ejemplar conservado.
La determinación taxonómica de la especie fue obtenida consultando la descripción original de Poey (1858), cotejadas con indicaciones precisas del Licenciado Ricardo Vergara. Además, el ejemplar a identificar se confrontó con especimenes clasificados de ambos Géneros existentes en la colección del Museo “Felipe Poey” de la Universidad de La Habana.
Deseamos expresar nuestro agradecimiento al Lic. Ricardo Vergara, Instituto de Geografía, Academia de Ciencias por la valiosa colaboración brindada para el presente trabajo. Igualmente, a la Dra. María Teresa del Valle, Jefe del Departamento de Zoología, por las facilidades brindadas para su ejecución; así como al Dr. Manuel Rivero de la Calle, Facultad de Biología, por su constante interés durante el desarrollo del mismo. A todos, nuestro merecido agradecimiento.
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Lucifuga subterraneus, Poey 1858
CLASIFICACION TAXONOMICA DEL EJEMPLAR COLECTADO EN CAJIO- 1978
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Fylum: Chordata
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Subfylum: Vertebrata
Clase: Osteichthyes
Subclase: Actinopterygii
Superorden: Teleosteica
Orden: Gadiformes
Familia: Brotulidae
Género: Lucifuga
Lucifuga subterraneus, variedad E
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DIAGNOSIS DE LA MORFOLOGIA EXTERNA
Cuerpo prolongado, comprimido desde el final del abdomen hasta el extremo caudal. Cabeza poco prominente en su región occipital y muy deprimida en la porción anterior; característica diferencial con Stygicola dentatus.
Ausencia de ojos morfológicamente constituídos. Según la descripción de Poey, algunos individuos pueden presentar vestigios no funcionales de globo ocular, a quienes cataloga como Variedad E dentro de la especie. El ejemplar capturado en la “Cueva de Cajío” presenta esta peculiaridad morfológica.
Abertura nasal doble; una de menor diámetro que la otra.
Boca hendida, con la mandíbula superior ligeramente mayor que la inferior. Dientes numerosos y pequeños, ubicados en el intermaxilar, el dentario y el vómer. Esta especie, al contrario de Stygicola dentatus, carece de dientes en el palatino.
Aleta dorsal única, que junto a la caudal y a la anal integran una estructura continua. Aletas abdominales, reducidas y filiformes, ubicadas en la porción ventral de la región cefálica y con funcines sensoriales.
Línea lateral poco definida. Coloración rosado claro, solo observables en ejemplares vivos.
Dimorfismo sexual acentuado. Los machos presentan una papila anal definida, con su extremo posterior adaptado para la cópula. Las hembras carecen de dicha estructura.
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DISCUSION
Actualmente se considera a los peces ciegos integrantes de un grupo polifilético, que han sufrido convergencia de caracteres durante su adaptación al medio troglobionte.
Esta adaptación colleva la atrofia de los ojos hasta su total degeneració (Eigenmann, 1909), características que a su vez implica un marcado desarrollo paralelo en órganos táctiles y olfato-sensoriales (Bertin, 1908).
A la pérdida de los órganos de visión se asocia también la despigmentación del cuerpo, manteniendo ambos fenómenos una relación directamente proporcional (Raquin,1947).
Por último, al igual que las restantes especies troglobias, se caracterizan por su reducido tamaño, en lo cual influye el estricto aislamiento geográfico y la escasa competencia que les impone su vida en las cavernas (Massip, 1961).
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DISTRIBUCION GEOGRAFICA
En su monografía sobre espeleofauna cubana, Silva (1973), relaciona 25 localidades como ubicación geográfica de nuestros peces ciegos, sólo considerando aquellas donde se huviese obtenido determinación taxonómica de los ejemplares colectados. Estas referencias abarcan desde la Península de Guanahacabibes, Pinar del Río, hasta la porción más occidental del norte de Matanzas. Igualmente añade que los tres reportes que señalarían su existencia en la región oriental de Cuba (Sierra de Cubitas, 1928; 1942; y Banes, 1963) no pueden considerarse válidos por carecer de determinación autorizada de las Especies referidas.
Posteriormente, revisando la colección de peces dulceacuícolas del “Museo Felipe Poey” en nuestra Universidad, fueron encontrados algunos lotes de peces ciegos, clasificados taxonómicamente y con referencias precisas a sus lugares de origen, que añaden 5 nuevas localidades a las ya mencionadas.
Además se conocen otras muchas menciones sobre distintas cavernas cuyas aguas está habitadas por peces ciegos, pero desconociédose a qué Géneros pertenecen sus pobladores. Como ejemplos, pueden citarse: las cuevas “del Diamante” y “del Bejuco” en Artemisa; y la de Juanel Piedra en Quivicán.
Por último debe señalarse un hallazgo reciente del Grupo Espeleológico de la Filial Universitaria en Jagüey Grande (González, comunicación personal), quienes descubrieron la presencia confirmada de Stygicola dentatus en cuevas de los municipios de Varadero y Jagüey Grande; lo cual amplía más al oriente de Matanzas el área distribucional de dicha especie.
Todas las referencias que precisan identificación taxonómica aparecen resumidas en los siguientes mapas, donde se muestra por separado la distribución geográfica conocida de ambas Especies, acorde con la nueva división político-administrativa del país:
Para conocer si estas variaciones en la distribución geográfica resultarían significativas o no estadísticamente, los totalesnuméricos de referencia fueron sometidos al modelo para probabilidades acumulativas x2. Los resultados obtenidos en la comparación global de las 3 provincias mencionadas muestran un grado significativo de diferencia en los datos comparados:
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COMPARACION ENTRE LA DISTRIBUCION GEOGRAFICA CONOCIDA DE Lucifuga subterraneus Y Stigicola dentatus EN LAS PROVINCIAS PINAR DEL RIO, HABANA Y MATANZAS.
GRADOS DE LIBERTAD = 2
VALOR DE p PARA UN 95 % DE CONFIANZA = 5.99
6.98 5.99
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ESTUDIO COMPARATIVO ENTRE LA DISTRIBUCION GEOGRAFICA CONOCIDA DE NUESTROS PECES TROGLOBIOS EN LA REGION OCCIDENTAL DE CUBA.
GRADOS DE LIBERTAD = 1
VALOR DE p PARA UN 95 % DE CONFIANZA = 3.84
0.08 3.84
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CONCLUSIONES
De todo lo expuesto durante el desarrollo de este trabajo, pueden obtenerse las siguientes conclusiones:
PRIMERA: El redescubrimiento de Lucifuga subterraneus en la Cueva de Cajío permite suponer que la misma se haya mantenido ininterrumpidamente en su localidad original por casi siglo y medio, a partir de 1831; fecha de su descubrimiento por Noda en aguas freáticas de dicha caverna.
SEGUNDA: Esta suposición confirma una vez más el alto grado de adaptabilidad de la Especie mencionada, que le ha permitido superar los cambios adversos lógicamente acaecibles en un lapso tan considerable de tiempo.
TERCERA: Acorde a los datos conocidos hasta el presente la distribución geográfica de nuestros peces troglobios mantiene diferencias significativas entre sí: Stygicola dentatus se extiende desde Pinar del Río hasta Matanzas; mientras que de Lucifuga subterraneus no existe ningún reporte que le ubique fuera de la región occidental de Cuba.
No obstante, esta conclusión preliminar requiere de nuevas referencias geográficas para su posible confirmación posterior.
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Narración (Diario de Campo)
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EN BUSCA DE LOS PECES CIEGOS DE LAS CAVERNAS
Enviado a la revista "Mar y Pesca" 1978 pero nunca publicado.
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Se había regado como pólvora la noticia (o el reto) de los “peces sin ojos” en la Facultad de Biología de la Universidad de La Habana. Yo cursaba mi primer año de biología en pero desde hacía tiempo me dedicaba a la Bioespeleología y a la hora del receso en el aula todo el mundo hablaba del reto que había lanzado la revista “Mar y Pesca” a los biólogos refiriéndose a los peces ciegos que habían reportado Noda y Poey 120 años atrás; en el artículo de Jesús Abascal titulado “Los Peces Ciegos de Cuba”, se preguntaba lo siguiente:
… “sabemos positivamente que los peces ciegos siguen poblando las aguas de muchas cavernas de las regiones más occidentales de Cuba, pero…¿En cuales?. ¿Podría algún joven espeleólogo –o viejo, con todo respeto- ofrecernos esa información y enriquecer así el tema que nos ocupa. Invitamos cordialmente a los investigadores que trabajan en estas apasionantes tareas a fin de recabar de ellos una relación que seguramente resultaría muy interesante. Las páginas de “MAR Y PESCA” quedan abiertas, pues, con ese propósito. Y nuestros lectores más curiosos agradecerán, sin duda alguna, más noticias sobre los peces ciegos de Cuba”…
Muchos no perdieron tiempo y se lanzaron con la mochila a la cacería. Había que buscarlos solamente en la región occidental de la Isla que era donde los había encontrado el sabio naturalista Don Tranquilino Sandalio Noda. El tiempo pasaba y el reto seguía en pie.
Comencé a interesarme mucho por aquello. Realicé un detallado estudio de la historia del descubrimiento, llegando a la conclusión de que no tenía más derrotero que la vieja carta que le había enviado Noda a su colega el sabio Don Felipe Poey en 1858, en la cual mencionaba el sitio del descubrimiento. Según dicha carta, encontrándose Noda en 1831 en Güira de Melena, supo que allí cerca, en las cuevas de Cajío, había unos peces sin ojos y quiso verlos…
“Me convidaron a un bautismo –continúa el sabio- a un sitio en el potrero de Torres, al oriente del ingenio LA MORENITA, en el cual había cuevas y peces de los dichos…”
Este párrafo contenía toda la información geográfica que yo necesitaría para mi exploración inicial, por lo que me preparé para la segunda etapa; mi gran aventura.
Una hermosa mañana de Octubre de 1977 partí con mi pesado equipaje para Güira de Melena. Durante el trayecto “encendí la mecha” con mi apasionante tema y al poco rato toda la guagua donde viajaba “ardía” con mi relato, pero nadie sabía nada al respecto; solo que más al sur de esta ciudad existía un poblado al que llamaban Cajío, ¡algo es algo!. Sin pérdida de tiempo hice el trasbordo para el ómnibus de Cajío, y en poco tiempo me encontré ante un pintoresco caserío de pescadores; estos junto a los campesinos siempre han sido mis mejores asesores en las investigaciones pero nadie conocía a estos fantasmas de las cavernas acuáticas. En poco tiempo “el loco de los peces sin ojos” comenzaba a hacerse popular entre los guajiros, hecho que constribuía enormemente a aliviar la economía de la exploración. Iba preparado para dos noches pero en este primer viaje pasé cuatro, rodeado de interesantes relatos de muertos, tesoros ocultos y monstruos que siempre nos brinda el rico folklore campesino. Exploré muchos kilómetros a lo largo de la costa sur en busca de cuevas, pero solo encontré grutas y solapas sin valor espeleológico.
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EL INGENIO LA MORENITA
Todo me pareció fácil en un principio, pero no fue así. Dediqué el mes de Octubre y Noviembre a rastrear alguna pista. ¡No podía creer que no existieran cuevas en esta región!. Un viernes en la tarde, luego de terminar la última clase del día en la Facultad, recogí mi equipaje en la beca de 12 y malecón, y partí para Cajío y Güira; ya había desplegado la lona que me servía de techo cuando alguien se me acercó preguntándome: ¿Explorador?- a lo que asentí con la cabeza;
-¿Busca fósiles?-
-No; más bien busco cuevas- inquirí esperando un milagro-
-¿Cuevas?,no, por aquí yo no conozco ninguna cueva-
-¿Y al ingenio LA MORENITA, LO CONOCE USTED?-
-La Morenita es un batey que esta cerca de aquí, pero allí no hay ningún ingenio – me disparó cogiédome de sorpresa-
Hasta el momento yo no había pensado en un ingenio en ruinas y siempre pregunté por una construcción visible. Aquí estaba el detalle; el ingenio lógicamente había sido demolido algún tiempo atrás por lo que ya no se recordaba; indudablemente el batey había tomado el nombre del mismo. Al menos esto era lo que yo deducía; yano tenía dudas.
-¿Está muy lejos La Morenita de aquí? – le pregunté recogiendo la lona.
-No, está bastante cerca; puedes pararte en la carretera y para la guagua que pasa como a las 8:00 (pm)-
No esperé más; no recuerdo si le dí las gracias, solo se que salí disparado como relámpago para no perder el ómnibus. La idea de encontrarme con el ingenio que le sirviera de guía al gran naturalista 147 años atrás, me fascinaba.
Hice mi aparición en La Morenita lo suficiente temprano como para no dejar que se me fueran a dormir los cuatro gatos que allí vivían. Mis primeros entrevistados me fallaron pero no así mis segundos que conocían perfectamente el enclave de las antiguas ruinas de un ingenio y me dieron la dirección de un anciano que vivía a solo unos metros de las mismas. Al menos ya tenía un punto desde el cual partir en mi próxima caminata:“Al oriente del ingenio La Morenita ” me decía Noda desde la profundidad del tiempo.
Una nueva noche de leyendas me aguardaba en casa del viejo Tomás, un moreno muy agradable y conversador; compartí con este y su hija unos tragos.Yo les conté sobre mi búsqueda y él me habló de leyendas locales hasta que se les agotó el repertorio. Luego se me asignó un viejo catre y un mosquitero, este último no por los mosquitos, según me explicó su hija, sino “por los alacranes”…
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EL POTRERO DE TORRES
A la mañana siguiente Tomás me despertó a las 6:00 a.m. como yo le había pedido que hiciera, y luego de mostrarme las ruinas de su ingenio (que ahora era mío) me despedí de él con la promesa de mostrarle algún día que mis peces sin ojos no eran una fantasía. Tenía una idea fija: si localizaba “el potrero de Torres” entonces ¡ya tenía a mi cueva!. Las indicaciones de Noda comenzaban a coincidir por vez primera:
“Una tierra bermeja como sangre, cortada por cercas de piedra desnuda de árboles, salvo algunos matojos aislados; mucha piedra rodada, y el suelo formado de una roca no bien cubierta de tierra pulverulenta; la roca, un enorme banco de petrificaciones marinas, bivalvos, univalvos y otros seres que no examiné, porque solo pensaba en los peces sin ojos”…
¡Descripción contagiosa; tampoco yo me detuve en ningún momento ante aquellas seductoras petrificaciones marinas; mi vista estaba fija en el “Este” de mi brújula. A eso de las 9:00 de la mañana, después de una larga caminata, aún no había dado con ningún potrero o algo parecido, pero alguien me sugirió qie visitara a una familia apellidada Torres que vivían un poco más hacia el Sur de la ruta que yo seguía. No tardé en encontrarme con el señor Ramón Torres, cabeza de familia, el cual me recibió con gran atención. La ascendencia de Ramón, según pudimos calcular ambos, se remontaba a más de un siglo en aquella región e incluso, muy cerca de su actual bohío, estaban los simientos de la que fuera casa de sus abuelos. Ramón contaba 54 años de edad por lo que sus bisabuelos bien pudieron vivir en la época en que Noda encontró los peces ciegos. La narración del sabio continuaba:
“ Saltamos una cerca y encontramos el suelo entapizado de tocino, bejuquillo e hojas palmeadas, ovaladas, de tallo como alambre, fino; durísimo, elástico a no romperse jamás”…
¡Esto me parecía inaudito!, tenía la sensación de que el tiempo se había detenido. Pero una vez más se me paralizó el corazón cuando el amigo Ramón me confesó que no conocía cueva por allí. Todo encajaba tan a plana y renglón, que no me podía conformar con la idea de que me había equivocado. Allí pasaba algo y no tardé en descubrirlo. Los campesinos de esta zona no quieren saber nada del mundo subterráneo; Ramón mismo me manifestó: “Del suelo pa’ bajo, los muertos”. Y todo lo descubrí cuando a solo unos 300 metros de la antigua construcción me encontré una cueva. ¡Ramón tenía que conocerla perfectamente!; ¿Por qué me lo había ocultado?. Traté de que descendiera conmigo pero me contestó algo sobresaltado, “que tenía otros quehaceres” y se esfumó en el acto. ¿Cuántas veces me habían ocultado el sitio de una cueva durante mi investigación?- pensé-.
Indudablemente este extraño tabú ha protegido de la presencia de curiosos a todas estas cuevas, pues, a diferencia de la mayoría que he conocido en toda la isla, aquí no se lee una solo inscripción de visitantes en las paredes.
LA CUEVA DE NODA
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Durante el mes de Diciembre logré localizar 5 cavernas en los alrededores de la finca de Torres; una de ellas coincidía al dedillo con la descrita en la carta:
“ Un gran salón con troneras por el techo cinco metros más abajo del nivel del suelo, hacía de vestíbulo de la caverna”…
A principios de Enero de 1978 me instalé definitivamente en la “Cueva de Noda” (bautizada por mí). Resultaba horriblemente fatigoso mantener la vista fija en las cristalinas aguas del lago subterráneo en la esperanza de tropezarme con mi soñado “tesoro sin ojos”, pero ya era tarde para mí, estaba atrapado, la búsqueda se había convertido en obseción. Nada me interesaba más que los “Peces Ciegos”, como un Ahab y su Moby Dick. Calado hasta los huesos por el frío del manto freático, perseguía todo lo que se moviese bajo su superficie.
EL PEZ CIEGO
Una fría mañana de Febrero, otro de los tantos pecesillos del algo me invitaba a que desertara de mi desayuno para jugar al escondite. Preparé el área de combate con un gran pedazo de zinc que había traído dede la casa vieja, este, colocado entre dos salientes rocosos, obstruía el paso hacía el interior de la caverna a
modo de pequeña represa. El animalito estuvo escondido más de una hora en una cavidad de la roca, hasta que decidió salir. Con movimientos milimétricos y conteniendo la respiración todo el tiempo que me fue posible, sellé su escondrijo con un trozo de cartón y le acerqué un pomo de boca ancha a la cabeza. Trató de retroceder en busca de su guarida, pero al no encontrarla, nadó en la misma dirección del pomo. Tan pronto penetró en el mismo le puse la tapa y saliendo del agua, corrí hacia la entrada de la caverna para poder analizar a mi prisionero con mejor iluminación. Cuando coloqué el pomo cerca de mis ojos la impresión de lo que ví me congeló la médula espinal; quedé petrificado cual una estalagmita. ¡ Allí nadaba una criatura completamente desprovista de sus órganos visuales de unos 10 centímetros de longitud, con una aleta dorsal única, que junto a la caudal y la anal integraban una estructura contínua!. A pesar de mi preparación adquirida durante los casi cinco meses de exploraciones, no podía dar crédito a mis ojos. Tenía en mis manos el fruto de tantos desvelos y ahora lo dudaba. ¡ Un pez sin ojos ¡, llegué a pensar que todo esto era un mito.-
EL UNICO EJEMPLAR VIVO DE EXHIBICION EN 1978
El ejemplar capturado llegó en buen estado a La Habana donde lo mantuve vivo en una pecera doméstica junto a otros pecesillos de cría; luego bajo la sugerencia de mi profesor Pedro A. Díaz lo llevé al Departamento de Zoología de Vertebrados de la Facultad de Biología donde lo conservamos por otro tiempo bajo el asombro de todos los que por allí pasaban, y comencé a recopilar todo lo que pude sobre los mismos llegando a la conclusión que se trataba de la especie Lucifuga subterraneus. Descubrí además que existían otras colectas de muchos años atrás y de ahí que la revista “Mar y Pesca” preguntara por estos peces en los años setentas; pero el reporte de la presencia de los mismos abundaba en muchas cavernas del occidente cubano. En un viejo y perdido pomo almacenado en la Facultad de Biología encontré la colecta de Núñez Jiménez de una parejita proveniente de 1943 y las puse junto a mi vivo ejemplar hembra de la pecera, así los profesores y alumnos podían admirar a ambos especímenes. Existía la referencia de un ejemplar colectado por Sosa en 1930 pero este nunca lo pudimos localizar en algún museo. Por el momento, el pez nuestro, era el único ejemplar de exhibición que podía ser contemplado vivo en 1978 y de esta forma le respondimos a la revista que “Sí”, “los peces ciegos aún seguían viviendo en la localidad original donde los reportó Noda al igual que en otras cavernas de Pinar del Río, Habana y Matanzas”. El ejemplar lo exhibimos en el capitolio, en laboratorios, centros de investigación y otras Facultades de la Universidad de La Habana, y siempre resistió los embates de los traslados hasta que un día decidimos sacrificarlo para su mejor estudio y conservación.
miércoles, 13 de agosto de 2008
PROTOZOOS DE SAGUA LA GRANDE
Ahora nos adentramos en el mundo de lo invisible; en ese mundo al que solo tenemos acceso mediante la paciencia y muchas horas de esclavitud ante el microscopio. Se trata de los Protozoos. Es digno de mención que en el catálogo de la isla de Cuba solo existen dos regiones en las que se ha estudiado y reportado la presencia de protozoos en las cavernas, estas son: Ashton en Pinar del Río y los Mogotes de Jumagua en Sagua La Grande. Este estudio lo presenté en el VIII Simposium de Biología de la Universidad de La Habana en 1977 (ver más adelante).
Este fue el fruto de largos años de esfuerzos y el grano de arena que aportamos a la zoología local, teniendo en cuenta que contábamos con muy pocos recursos y conocimientos sobre la Espeleo-protozoología que en Cuba hasta el momento se desconocía. Los únicos datos existentes al Phylum provenían de nuestro amigo el profesor Manuel Rivero de la Calle donde en un reporte de Cueva Grande de Caguanes mencionaba la presencia de un protozoo al que se pudo clasificar hasta la categoría de “Sub Clase” solamente; nosotros pudimos identificar en Astón a las primeras 64 especies (y una variedad) de protozoos para las cavernas de Cuba con la ayuda del profesor Pedro A. Díaz y luego 38 especies y un género en las cuevas de los Mogotes de Jumagua gracias a la experiencia adquirida en Pinar del Río.
Resulta ser que en las cuevas acuáticas del Mogote viven completamente adaptadas a las adversidades del medio 38 especies de esos pequeños animaluchos unicelulares a los que llamamos protozoos. Estos microorganismos tienen la facilidad de enquistarse y desenquistarse según desaparezcan o aparezcan las aguas del manto subterráneo. Así por ejemplo en los tests que hicimos en los años 1981 y 1982 pudimos comprobar que Cueva del Agua permaneció completamente seca desde el mes de Febrero hasta mediados de Junio y cuando retornaron las aguas estos curiosos animaluchos comenzaron a proliferar de nuevo y en muy poco tiempo se convirtieron en dueños y señores del reino invisible. Las especies que registramos antes del día 6 de Noviembre de 1981 fueron las mismas que las registradas después del 15 de Junio. Instalamos nuestro material de laboratorio junto a Cueva del Agua y Ciénagas del Norte y así durante los meses de noviembre y diciembre de 1981 y enero de 1982 hicimos colectas en pomos de boca ancha de los que más tarde extraíamos una porción en placas petri y algunos granos de trigo donde se desarrollaba el cultivo para la observación.
El resultado final del estudio del manto freático del Mogote nos aportó las siguientes especies de protozoos:
Nota: El ejemplar que ocupa la posición # 3 en el cuadro (Anisonema sp) y la número 18 (Chilodonella sp), las he dejado en la categoría de “Género” por dudas con la especie; pero con la seguridad de que son especies diferentes a las demás mencionadas dentro del Género. Futuras investigaciones podrán aportar si son incluso especies no reportadas para Cuba o hasta nuevas especies para la ciencia.
CUEVA DEL AGUA. FLUCTUACION DEL NIVEL (Manto freático en descenso)
Junto al estudio de los Protozoos desarrollamos unas mediciones del nivel de las aguas subterráneas que anteriormente solo habíamos realizado de forma irregular. No hemos llegado a una conclusión definitiva sobre este “ritmo” de la aparición y desaparición de las aguas pero en el Cuadro 1 puede apreciarse como la Cueva del Agua queda seca (según punto de referencia escogido) entrando el mes de Febrero del 82 y a la vez observamos como su máximo nivel lo fuera de 1 metro con 26 centímetros el 6 de Noviembre del año anterior, lo cual no corresponde con medidas que habíamos obtenido en años anteriores (Cuadro 2) y que muestran un nivel más elevado del manto freático (destacando una anotación que hicimos en nuestro Diario de Octubre-1973 donde el nivel fue 1.50 metros, siendo esta la mayor medida obtenida por nuestro equipo). Según testimonio sde campesinos y conocedores de la región, “antiguamente el agua a veces llegaba casi al techo de la cueva”, pero esto no podemos incluirlo en nuestro reporte oficial debido a la carencia de pruebas. Esperamos que al menos una foto extraviada de los años cuarentas o cincuentas nos aclare dichos comentarios.
No obstante a no poder fijar fechas exactas en el llenante y el bajante del manto, sabemos que hay una gran dependencia de las lluvias de primavera y verano que en ocasiones se adelantan o se atrasan.
Paradójicamente a todo esto, existe un fenómeno muy curioso; en ocasiones aun no ha habido lluvias locales y ya el manto freático de los mogotes está muy elevado, lo cual nos hace pensar en “constribuyentes desde largas distancias”. La idea de un río subterráneo es algo tentadora. Esta interesantísima región de Cuba debe ser más estudiada con tiempo y equipos. Hasta el momento un enorme velo envuelve sus misterios. Nuestro equipo que ha sido el que más tiempo ha permanecido en la zona (hasta 1985) solo se ha dedicado a la actividad taxonómica, arqueología y a la recolección museológica. La instrumentación y el equipaje no ha sido el más apropiado para llevar a cabo una investigación hidrológica profunda de los fenómenos que están presentes en los Mogotes.
El inventario de la fauna acuícola de Cueva del Agua es muy rico en especies si se compara con otras cuevas de Cuba del mismo tipo. Sobre todo aquí viven algunas especies más bien propias de ríos que de cuevas, como es el caso de La Anguila cuyo ciclo de vida incluye al mar para su desove (Ver; Peces), y el caso de la Pseudemys decussata o Jicotea Fluvial que se ha adaptado al subsuelo de los Mogotes de forma fantástica, siendo Cueva del Agua la única caverna de Cuba donde viven jicoteas (Ver; Reptiles); se han adaptado tan perfectamente a este habitat, que diríamos que todos sus patrones de comportamiento han cambiado totalmente.
Para complicar la situación nos encontramos con que el manto freático está dividido en una parte salobre (al Este) y otra dulce (al Oeste). De esta forma se descubren las primeras por dos pozos artificiales abiertos en el primer mogote (Este) ; las segundas se descubren de forma natural en las cuevas “Del Laguito”, “Del Agua”, y en la “Gruta del Baño” ubicadas al centro y al Oeste de la cordillera y donde el nivel freático está por encima del piso de las mismas en una época, desapareciendo (como ya explicamos antes) en otra época del año, es decir, en lo que avanza el otoño.
El cuadro muestra el descenso paulatino de las aguas subterráneas, tiempo el cual nuestro equipo permaneció instalado en el silencio de las cavernas:
Cuadro 1: Según nuestro punto de referencia fijo (tomado al azar en 1971 para efectuar las mediciones) el lago formado por Cueva del Agua fue descendiendo su nivel en los últimos meses de 1981, alcanzando su mínimo el 30 de Enero de 1982. Lamentablemente las mediciones que efectuamos en años anteriores no fueron sistemáticas (aunque sí se efectuaron todas en el llamado “punto de medición”).
Cuadro 2: El mayor nivel del manto freático lo registramos en Octubre de 1973 (en el punto de referencia) con 1.50 metros, siendo notable que cualquiera de las mediciones de los años setentas superan a las actuales. ¿Estará descendiendo el volumen del manto?.
LOS PRIMEROS PROTOZOOS PARA LAS CUEVAS DE CUBA”
Por: Pedro Suárez Tintín y Pedro A. Díaz
Facultad de Biología, Universidad de La Habana, 1977
En el catálogo de la espeleofauna cubana no aparece reportada ninguna especie de protozoo, por lo que nos propusimos constribuir con un estudio preliminar de este olvidado Phylum.
Nuestro trabajo consistió en la identificación taxonómica de los distintos protozoos que pueblan las aguas depositadas en un sistema de cuevas abiertas. Igualmete representa la primera determinación masiva de Especies de Protozoos que se efectua en Cuba en ecosistemas no superficiales.
MATERIALES Y METODOS
Las cinco cuevas seleccionadas para este trabajo fueron las denominadas (localmente) “Cueva del Baño”; “Cueva del Bejuco”; “Cueva de los Caballos”; “Cueva del Sitio”; y “Cueva Eugenia”, integrantes todas del “Sistema de Ashton” ubicadas en el barrio “Las Cañas”, Artemisa.
En total se efectuaron 6 colectas que abarcaron los meses de Febrero y Mayo del año 1977. Las muestras se colectaban a distintas profundidades, procurádose muestrear Zonas con diferencia de iluminación en cada Cueva. Al colectar se añadía en cada muestra: detritus, fango del fondo, y residuos vegetales sumergidos, sustratos preferidos por las especies sésiles y sedentarias o altamente bacteriófagas. Seguidamente eran trasladadas en frascos cerrados al Laboratorio donde se procedía a su siembra en Placas Petri de 12 x 2 cm, adicionándose en las mismas tres granos de trigo como fuente de materia orgánica.
Se fueron tabulando las especies identificadas para las distintas localidades en fichas independientes.
RESULTADOS Y DISCUSION
Se obtuvo la identificación taxonómica de 64 especies y una variedad de Protozoos, excluyéndose otros que, observados no pudo determinarse su Género.
A semejanza de los biotopos superficiales, los ciliados representaban la mayor proporción cualitativa de nuestra microfauna cavernícola, con el 58,5 % de la misma, y los mastigóforos con solo el 12,3 % de especies reconocidas.
Este elevado doblamiento de protozoos en aguas freáticas, demuestra una vez más el alto grado de adaptabilidad que caracteriza al Phylum el cual le permite colonizar medios de condiciones ecológicas muy disímiles. De todas las especies identificadas, tres representan nuevas adiciones a la microfauna cubana de protozoos dulceacuícolas, ellas son: Euglypha cristata (EHR) Leidy 1874; Pixicola affinis, Kent 1882; y Platycola decumbens, Kent 1882
La homología aquí establecida entre el doblamiento de protozoos de los biotopos cavernícolas con los que habitan ecosistemas no subterráneos coinciden con resultados bioespeleológicos obtenidos en muy distintas latitudes. Como ejemplo pueden sitarse los trabajos de: Kofoid en “Cueva del Mamut” Kentucky, Estados Unidos; Griepenburg, en Alemania; Brunetti en Toscaza, Italia; Wolfen Alemania, Suiza y E.U.; Loffer en Suecia; Decloitre en Guinea, Africa; Doroszewsky en Polonia; Varga en Hungría y Bepsi en Rumanía.
Encontramos además una coincidencia con los resultados de Varga (1963) en su estudio de la gruta de Baradla en Hungría; de sus 84 especies reportadas, 22 se reportan en nuestro trabajo, representado en un 33,8 % de coincidencia.
Tres de los ciliados identificados nos permitieron además, la evaluación ecológica de estos ecosistemas. Tales especies fueron: Coleps hirtus, Cinetochilum margaritaceum, Uronema marinum, ciliados que por sus caracteres saprobiológicos son excelentes indicadores. Debido a su resistencia tan baja a la presencia de NH libre y otros compuestos nitrogenados en un habitad determinado, no se presentan en medios donde la proliferación bacteriana depende de la descomposición de sustancias orgánicas de origen animal.
Su rápido y favorable desarrollo en estos cultivos comprueba que el medio carece de contaminación ambiental apreciable y que son los residuos de la vegetación externa quienes sustentan el contenido en bacterias de esta agua, característica que se corresponde con su origen freático”.
Por tanto, a nuestro catálogo Espeleofaunítico se unen 64 especies y una variedad de protozoos por nosotros identificados,contituyendo tres de ellas, nuevas adiciones a la microfauna cubana dulceacuícola y engrosando así la lista de un Phylum el cual solo contaba con un solo ejemplar identificado, solo hasta la categoría de Sub-Clase.
Exhorto a nuestros bioespeleólogos a continuar extrayendo de las tinieblas estas ocultas criaturas, que si han frenado en parte el avance de nuestro catálogo , solo ha sido debido a nuestro desviado interés prioritario hacia el fascinante macromundo faunístico.Más detalles en: http://sabaneque.tripod.com/
Colección
Museo Privado











